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Sunday, July 8, 2012

Antares, el corazón de Escorpio

Antares, el corazón de Escorpio


Rodeada por brillantes estrellas azules, y en un ambiente tremendamente sugestivo para todo el que desvíe su mirada hacia la región, la supergigante roja Antares destaca en el cielo del verano boreal, situándose en el centro de una de las más notables constelaciones de cuantas existen: Scorpius, el escorpión celeste.
Su posición en el asterismo de la constelación hizo que fuera conocida entre los latinos como Cor Scorpii, o su equivalente árabe de Kalb al-Akrab (castellanizado como Calbalacrab), que significa precisamente el corazón del escorpión (o del alacrán). Sin embargo, ya desde los tiempos de Claudio Ptolomeo es conocida bajo su nombre actual, pues el astrónomo greco-egipcio se refiere a ella en su obra Syntaxis como el Anti-Ares, o el opuesto a Ares, que era el nombre griego del Dios de la guerra, el romano Marte, de donde deriva Antares. Esto se debe a que la estrella se posiciona muy cerca de la eclíptica, a sólo 5º, lo que facilita el frecuente acercamiento entre el planeta y la estrella, lo que unido a sus similares color y brillo los hace confundirse a menudo. De hecho, Antares es una de las cuatro grandes estrellas cercanas a la eclíptica, junto con Aldebarán en Tauro, Regulus en Leo y Spica en Virgo. Ha sido también nombrada como Vespertilio, palabra que significa murciélago, y que probablemente ya fuera usada por Sófocles, uno de los grandes autores de la tragedia griega.

Como es una estrella tan notable, Antares fue conocida por todos los pueblos de la Antigüedad, y entre los persas era llamada Satevis, una de las cuatro estrellas reales, guardiana del cielo y de los sueños, allá por el año 3000 antes de nuestra era. Los egipcios la identificaban con la diosa Selkit, anunciaba el equinoccio de otoño durante el cuarto milenio antes de Cristo, y simbolizaba a Isis en las ceremonias que tenían lugar en los templos. Muchos de estos templos están orientados de manera que la luz de Antares jugara un papel fundamental en tales celebraciones iluminando el interior del edificio.
El astrónomo bávaro Johann Bayer le concede la primera letra del alfabeto griego, al ser la más brillante de la constelación, y por eso es conocida como Alpha Scorpii Sco). Para la nomenclatura de John Flamsteed, que ordena a las estrellas de cada constelación según su coordenada en Ascensión Recta, le corresponde el número 21, por lo que también es designada como 21 Scorpii o 21 Sco. En la actualidad, esta estrella es evocada frecuentemente por grupos y asociaciones, da nombre a una banda de rock costarricense, a una prestigiosa coral gaditana y es uno de los caballos de Ben-Hur (en el fotograma, el primero por la derecha), en la magnífica película de William Wyler, por poner sólo unos pocos ejemplos.

La constelación de Escorpio, en la que se inserta Antares, es una de las más importantes del catálogo, no sólo desde el punto de vista de nuestros tiempos, sino también desde una perspectiva histórica, pues ya era conocida por los antiguos babilonios, quienes concibieron el Zodiaco, o rueda de los animales, incluyendo en ella al Escorpión, como una de las regiones del cielo por donde transitaban (y transitan) el Sol, la Luna y los planetas a lo largo del año; naturalmente, Claudio Ptolomeo la cita en su relación de 48 constelaciones clásicas. También bajo el prisma de la mitología grecolatina, Scorpius es determinante en el destino del gigante Orión, el legendario cazador a quien causa la muerte con su mortal picadura. Orión y Escorpio nunca coinciden en el cielo al mismo tiempo, pues cuando una de las dos constelaciones aparece por el este, la otra desaparece por el oeste.

Desde una perspectiva puramente astronómica, Escorpio es el hogar de numerosas estrellas brillantes, además de Antares, como Shaula, o la interesantísima estrella variable Dschubba (Delta Scorpii). El cúmulo de Ptolomeo (M7) es el objeto más tenue del que se tiene constancia en fuentes clásicas, y por lo tanto el menos brillante entre los que se pueden distinguir a simple vista, y también el cúmulo de la Mariposa (M6), en la fotografía de la derecha, pertenece a esta constelación. Pruebe a copiar la imagen, y a trazar la figura del lepidóptero uniendo estrellas, y probablemente encuentre al menos media docena de posibilidades. Asimismo, y muy cerca de Antares, encontraremos a M4, un espectacular cúmulo globular que tendremos ocasión de contemplar, dada su cercanía visual con Antares. Otro cúmulo globular, M80, completa la relación de objetos del Catálogo Messier presentes en la región, pero no agota el elenco de objetos de cielo profundo en esta atractiva constelación. La zona está cruzada por la Vía Láctea.

Entre los habitantes de la Polinesia, es muy conocido el asterismo llamado El Gran Gancho, que he trazado en rojo, compuesto por Antares (α Sco), Al Niyat (σ Sco), Graffias o Acrab (β Sco), Dschubba (δ Sco) y Pi Scorpii (π Sco). En Europa este asterismo no es considerado, y la región simplemente se identifica con la cabeza del Escorpión.

Antares se encuentra sin dificultad en el centro de la constelación. Su intenso brillo y su llamativo color rojo la hacen destacarse entre los demás astros de su entorno, en los meses centrales del año, esto es, el verano boreal, invierno austral. Presenta una declinación de -26º, lo que significa que está bastante más al sur que el ecuador celeste, así es que no se puede ver desde latitudes más al norte de +64º, prácticamente el Círculo Polar Ártico. Esta cifra se obtiene al restar la declinación de la estrella de un ángulo recto, 90º (90 – 26 = 64). Conforme vayamos descendiendo en nuestra latitud, Antares se mostrará cada vez más alta sobre el horizonte, y al sur del paralelo -26 el asterismo del Escorpión aparece invertido con respecto al punto de vista boreal, hasta que al bajar más allá del paralelo -64º, ya en la Antártida, es circumpolar sur, es decir, nunca desaparece bajo el horizonte, dando vueltas alrededor del Polo Sur Celeste.

Es un astro soberbio, que brilla con una magnitud media de +0.96, pues sufre variaciones de varias décimas en su luminosidad, y es la decimoquinta más brillante del cielo nocturno. Su distancia al Sistema Solar se ha calculado en unos 600 años-luz, aunque es incierta. Este dato, unido a su relativamente baja temperatura, de unos 3.600 ± 150 grados Kelvin en su superficie (el Sol está a unos 5.800), nos revela que debe tratarse de una estrella de tamaño descomunal para brillar con tanta intensidad. En efecto, hablamos de una supergigante roja cuyo diámetro debe ser al menos 700 veces el del Sol, con un tipo espectral M1.5I. Si estuviera en el lugar que ocupa el Sol, la estrella llegaría hasta más allá de la órbita de Marte, y contendría en su interior a las de Mercurio, Venus, la Tierra y el propio Marte, traspasando probablemente también el cinturón de asteroides, que quedaría dentro de la estrella.

No conocemos, sin embargo, todos estos datos con exactitud, pues entre otras cosas, Antares se encuentra envuelta en una nebulosa, provocada por la materia que expulsa la propia estrella, y que atenúa su brillo de una manera incierta, de tal forma que la luminosidad del astro podría ser hasta de 90.000 veces la del Sol, contando también con la gran cantidad de energía que irradia en el infrarrojo, y no sólo la que nos llega en luz visible. Esta nebulosa no fue descubierta hasta el año 1.895, cuando el astrónomo Emerson Barnard pudo verla haciendo uso de la astrofotografía, incipiente en aquellos tiempos.

La nebulosa es iluminada por la propia estrella, y este color contrasta con el azulado de la cercana nebulosa de reflexión que envuelve a Rho Ophiuchi, una estrella azulada, muy caliente, de la vecina constelación de Ophiuco.

Antares se encuentra en un estado evolutivo muy avanzado, y dada su enorme masa, terminará sus días explotando, convirtiéndose así en una supernova que, durante unos días, será el astro más brillante del cielo nocturno a excepción de la Luna. Después, se irá apagando paulatinamente hasta hacerse imperceptible. Esto ocurrirá de aquí a un millón de años (un suspiro a escala cosmológica), e incluso podría haber ocurrido ya, porque nosotros vemos ahora la luz que partió de la estrella hace unos 600 años. Si la explosión se ha producido hace menos de seis siglos, es un suceso que ya ocurrió, pero que nosotros veremos en el futuro.
Separada por 3″ de arco, existe una compañera llamada Antares B, que es una enana azul de quinta magnitud, muy caliente, y que resulta muy difícil de observar debido al deslumbrante brillo de su compañera. La separación real entre ambas es de unas 550 Unidades Astronómicas (1 UA = Distancia media Tierra-Sol) y completan una órbita con un periodo aproximado de 2.500 años.

A sólo 1 grado y cuarto al oeste de Antares, es muy fácil toparse con M4, el cúmulo globular más cercano a la Tierra, aunque dista de nosotros unos 7.200 años-luz. Con telescopios pequeños ya aparece como una borrosa mancha, y con aparatos medianos se pueden distinguir algunas de sus estrellas, de décima magnitud. Si los cielos son totalmente oscuros, unos binoculares bastarán para localizarlo.

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