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Thursday, November 24, 2011

CIVILIZACIÓN DROPA

EL DISCO QUE CAYÓ DEL CIELO
El sistema montañoso Bayan Kara Ula, presenta la típica característica de casi todos los sitios donde se han realizado hallazgos arqueológicos realmente importantes : es una de las áreas más aisladas de la Tierra. Está situada a 640 kilómetros ( infranqueables, además ) del centro poblado más cercano, Lhasa, en el Tíbet.
Pese a ello, hay humanos que vivien allí: se trata de los Dropa y los Han, dos tribus que escapan a todas las categorías raciales establecidas.
El doctor Chi Pu Tei, un profesor de Arqueología de la Universidad de Pekín, organizó en 1938 junto a sus estudiantes una expedición a estas montañas en la frontera con el Tibet, con la intención de explorar una serie de cuevas de las cuales había recibido noticias que constutuían un sistema de túneles subterráneos de construcción artificial, lo cual permitía suponer la existencia de alguna tribu desconocida que ellos podrían descubrir.
La expedición - que, con suerte, sólo esperaba encontrar algunas pinturas rupestres y artesanías - protagonizó en cambio una serie de asombrosos descubrimientos: a medida que se iban adentrando en los túneles, las paredes comenzaron a presentarse cuadradas y cristalizadas, como si hubieran sido moldeadas mediante una fuente de calor extremo, y sobre las paredes de las cuevas comenzaron a aparecer tallados de montañas, del sol naciente, la luna, la Tierra, constelaciones estelares, y líneas de punto uniendo el cielo con la tierra.
A continuación, aparecieron ante los atónitos ojos de los exploradores unas antiquísimas tumbas pertenecientes a alguna desonocida y muy extraña raza, conteniendo esqueletos de 138 cm.de largo, cabezas anormalmente grandes y cuerpos pequeños y delgados, y junto a las tumbas, el que fuera el descubrimiento más importante: 715 discos de piedra de 30 cm.de ancho con un agujero de 20 mm.de diámetro en su centro.
Los discos ( que luego se determinaría tenían entre 10 y 12.000 años de antigüedad ) estaban tallados con dos pequeños surcos finos que se movían en espiral desde el borde hacia el centro.
El doctor Chi Pu Tei los mantuvo junto a los restantes hallazgos de la expedición en la Universidad de Pekín durante 20 años, pero ante la imposibilidad de descifrarlos, solicitó ayuda al doctor Tsum Um Nui en 1958, quien al examinarlos con lupa, descubrió que se trataba de una línea continua y casi microscópica de personajes impresos con un diseño y una técnica totalmente desconocida, y que, si bien se encontraban bastante erosionados, conservaban la suficiente claridad como para revelar la historia de un aterrizaje forzoso de una nave espacial procedente de un lejano planeta, y la matanza de la mayoría de los sobrevivientes por la tribu de los Ham ,oriundos del lugar a quienes asustaron tanto por la violencia de su aterrizaje, como por su aspecto"horrible y asqueroso"( esto último, según leyendas Ham que los describen además coincidentemente con las características de los huesos encontrados), hasta que, mediante el uso de señas, se logró explicarles que se trataba de un accidente y que sus intenciones eran pacíficas.Expresan el nombre de su raza como "Los Dropa", y que les fue imposible reparar la nave estrellada para poder regresar a su planeta, debiendo permanecer conviviendo con la tribu Ham, a quienes enseñaron su ciencia y sabiduría.
El doctor Nui presentó en 1962 los resultados de su análisis ante la Academia de Prehistoria de Pekín, pero la misma además de desautorizar despectivamente su descubrimiento, le prohibió terminantemente publicar o hablar de su hallazgo, y el frustrado doctor decidió exiliarse en Japón hasta su muerte. De la misma forma, prohibieron hablar al descubridor del hallazgo, el doctor Chi Pu Tei, a quien el estado le levantó la "veda" recién en el año 1965, cuando publicó junto con otros cuatro colegas la obra "Los Archivos Secretos de las Naves Espaciales que Aterrizaron en La Tierra Hace 12.000 Años, Como Está Grabado en los Discos".
Recién en 2007, se reflotó el asunto cuando una supuesta descendiente de Tsum Um Nui reveló que poseía algunas muestras de los esqueletos hallados que éste había dejado en su casa para estudiarlos y para revelarlos al mundo cuando madurara lo suficiente.
Los análisis de ADN realizados a los restos, efectivamente determinaron que se trataba de descendientes híbridos de un remoto pueblo de China ( Han y Dropa ).
Hoy, esta aislada región montañosa del Himalaya está habitada por dos tribus: los Dropa y los Han. Ninguna de las dos se asemeja a cualquier raza conocida en La Tierra: no son de etnia china ni tibetana. Pigmeos de estatura, sus características físicas se corresponden exactamente con los restos óseos encontrados en las cuevas en 1938. El clan de los Dropa tiene rasgos especialmente únicos: extremadamente delgados, lampiños, de cabezas muy grandes de color amarillo y grandes ojos de iris azul.
NIÑA DE LA TRIBU DROPA
En 1968, el científico ruso, W. Saitsew, llevó a cabo ensayos científicos en los discos que produjo algunos resultados muy interesantes y peculiares: contenían altas concentraciones de cobalto y otros metales que le otorgaban una dureza extrema, que jamás podría haber sido tallada con las técnicas primitivas, y menos en un tamaño casi microscópico.
Al probar los discos con un oscilógrafo se descubrió que habían sido cargados eléctricamente y habían funcionado también como conductores eléctricos, como si formaran una parte de un circuito eléctrónico incompleto.
Lamentablemente, la Revolución Cultural China hizo desaparecer la evidencia de los discos originales aunque el ingeniero austríaco Ernst Wegerer aseguró haberlos podido fotografiar en el Museo Bampo de Xian en 1974, luego de cuya publicación, desaparecieron junto con la guía que le permitió realizar las tomas.
FOTOS TOMADAS POR EL INGENIERO AUSTRÍACO ERNST WEGERER EN XIAN, CHINA
El gobierno chino niega todo, tanto la expedición de 1938 como la existencia de la Academia de Pre-Historia de Pekín, y la del doctor Tsum Um Nui, afirmando que el nombre ni siquiera existe en chino ( esto es correcto, aunque podría tratarse de un alias o su propio nombre real en japonés, ya que el científico debió exiliarse hasta su muerte ).
Las histerias de los detractores se dispararon y se seguirán disparando ( nosotros hemos decidido no darles tribuna mientras no estén apoyadas por evidencia científica ya que para sólo negar no se necesita ser científico ) pero hay una que queremos mencionar porque nos parece aceptable en su planteo:
Considerando la enorme dificultad que presenta la traducción de textos de cualquier civilización terrestre antigua, es de suponer que habría aún mayores dificultades en la traducción de una lengua extraterrestre, y por lo tanto sumamente improbable que un sólo erudito chino, sin ayuda de nadie, pudiera descifrar una escritura ajena a cualquier lenguaje conocido y sólo en sus ratos libres, aunque objetamos el hecho de que el traductor expresó que lo que en realidad había descubierto es que se trataba de micro-imágnes, las cuales pudieron ser elocuentes por sí mismas más allá de cualquier idioma.

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