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Saturday, August 18, 2012

ENSAYOS SOBRE ALQUIMIA : EL CAMINO DE LA REGENERACIÓN

No quiero dejar de presentar este excelente ensayo de Eloy Millet Monzó, acerca del proceso de La Gran Obra. Por lo que sé, el autor toca puntos extremadamente esclarecedores acerca de la obra, incluye también el proceso conocido como “Rosario de los Filósofos” el cual permite pasar la materia a través de ciertos procesos cósmicos donde se la expone a las influencias planetarias y zodiacales. Dicho Rosario permite además dar fe de que los procesos alquímicos en distintas fases de la obra, deben adquirir las virtudes celestes (planetarias y zodiacales) P.E.: el régimen de la luna. Sería interesante que el lector hiciera como ejercicio personal una analogía entre los procesos descritos en este ensayo, para la Obra Externa, y los llevara a la Obra Interna, sin la cual el alquimista no puede transformarse.
Solo resta hacerme eco de las afirmaciones de los adeptos: La obra no puede comenzar sin el concurso del cielo.
Alquimia: El Virtuoso arte de ennoblecer
Eloy Millet Monzó


Habiendo iniciado en la parte primera un recorrido a través de las civilizaciones que mayor arraigo han tenido en el desarrollo de la alquimia y de las relaciones que entre ellas establecieron, pretendemos exponer a quien se acerque a esta segunda parte, en primer lugar algunas de las distintas etimologías que se han venido utilizando para enraizar la alquimia con algún pretendido origen, con mayor o menor aceptación entre  los investigadores, continuando con la descripción de su más elevado quehacer, “la obra magna”, limitándonos a explicar de la forma más concreta que nos ha sido posible las más importantes fases de su proceso, intentando descifrar algunas expresiones utilizadas por los alquimistas e indentificándolas con determinados minerales y procesos químicos que permanecían ocultos y prohibidos al conocimiento común, en parte debido al interés por mantener en secreto otras actividades ilícitas, cuyos beneficios se atribuían al resultado de practicar la alquimia y por otra parte al miedo a la represión y al castigo por ejercer públicamente su práctica, aunque también se ha ejercido, y mucho, debido a la ignorancia y a la avaricia, tanto por parte de la gente del pueblo como por monarcas, religiosos y cortesanos con el ánimo de enriquecerse. 
Analizaremos la pretendida transmutación producida por el fuego y el rocío a través de tres colores básicos, el negro, el blanco y el rojo, exponiendo un fenómeno social o palingenesia tendente a provocar un cambio en las estructuras sociales mediante la repetición de determinados actos conducidos y controlados, cuya finalidad se desea por unos pocos para subyugar a los demás a sus propios intereses,  como los actos protagonizados por la Sociedad de la Niebla encaminados a instaurar una monarquía única en Europa bajo el control de los Habsburgo, Sociedad que utilizó a personajes como Julio Verne y Alejandro Dumas, entre otros, influyendo en autores como en Miguel de Cervantes, Dante o Goethe y sirviendo como base ideológica hasta tal extremo, que jardines como los de Versailles en Francia, Bomarzo en Italia  o Aranjuez en España se diseñaron bajo sus auspicios.
Es inevitable que detallemos algunos de los trucos más escogidos para hacer creer que lo que se obtenía era oro o que lo que se estaba vendiendo era una piedra preciosa, cuando en realidad se había obtenido un pedazo de cobre o de hierro recubiertos por una delgadísima capa dorada y lo que se vendía era vidrio tintado.
Entre las muchas biografías interesantes de alquimistas, hemos escogido cuatro, contrastando de manera somera y breve algunas informaciones contradictorias, por lo que dejamos su calificación o no,  al buen criterio de cada cual.
Si basamos la alquimia en la transmutación, un cambio social podrá tenerse como un proceso alquímico, por lo que apuntamos algunos aspectos científicos que podrían producir determinados cambios en las estructuras sociales, tales como las investigaciones en células madre, la micro y nanotecnología o la inteligencia artificial, la denominada IA.
Apartados

1.-Interpretaciones etimológicas
2.- La obra magna de la alquimia.
3.- Etapas, elementos del trabajo, uso de la astrología y simulaciones.
4.- Sobre los colores.
5.- La recogida del rocío según el Mutus Liber.
6.- La transmutación en alquimia y la radiactividad.
7.- Transmutación social: la Sociedad de la Niebla.
8.- El fuego y las fuerzas espirituales.
9.- Curiosas manifestaciones de simbología alquímica: Caperucita y Blancanieves.
10.-Variantes de la alquimia: espagiria, yatroquímica y arquimia
11.-Sobre trucos, engaños y leyendas.
12.-Cuatro breves reseñas biográficas desde la alquimia:
    Nicolás Flamel, el Conde de Saint Germain, Fulcanelli y Paracelso.
13.-La alquimia en el futuro inmediato: células madre, nanotecnología e inteligencia artificial.


1.-Interpretaciones etimológicas
En tiempos de Constantino el Grande, vivió un notable erudito de aquella época llamado Julius Firmicus Maternus, y en sus obras significa por vez primera la palabra “alquimia”.
En la Biblioteca Imperial de París, se conserva el tratado más antiguo sobre alquimia conocido en Europa, escrito en griego por Zósimo de Panópolis alrededor de 400 años antes de nuestra Era y Eneas Gazeus escribió otro unos 800 años después.
Por el secretismo en las prácticas de la alquimia,  Pierre Jean Fabre afirma que dicha palabra viene de la labor que desarrolló como artesano un hijo de Noé, Cham, y que en hebreo “chaman” quiere decir misterio, lo que unido a que la alquimia se consideró un misterioso y secreto arte, denominándose inicialmente como  “al- chamanie”.


Otros investigadores hacen intervenir en su etimología algún asunto relacionado con Egipto, así pues,  Isaac Asimov afirma que la raíz etimológica de la alquimia  proviene de “khemeia”, derivada de “Khan” que significa “antiguo Egipto”, y que fue adoptada por los griegos con la palabra khumus  o jugo vegetal, de lo que se deriva la parte de la alquimia que se dedica a la extracción de jugos provenientes de plantas.
Una vertiente mitológica es la de Zósimo de Panòpolis, que afirmaba: “los hijos de Dios eran ángeles que escribieron el libro Chema dedicado a las hijas de los hombres en recompensa a su entrega y en el que les revelaban los secretos de transmutar metales y los de la naturaleza”, aludiendo a las posibles relaciones de los hombres con deidades.
Una de las etimologías de mayor aceptación es la que indica que se compone del artículo árabe “al” y de la palabra egipcia “keura” o la ciencia  considerada como madre de todas las artes desarrolladas en Egipto, Persia, Caldea, Jerusalén, Atenas o Roma.
Una etimología lingüista que intenta enlazar el antiguo Egipto con el mundo del Islam, es la de Titus Burckhard al afirmar que viene de las palabras árabes “al-kuimia”, “Ul-khemi” y “al-ki-miya”, que a su vez tienen relación con la egipcia “keme” o tierra negra, lo que puede entenderse como las fértiles tierras de las orillas del Nilo o como el símbolo de la materia prima de los alquimistas en su primera fase o nigredo, cuyo color característico es el negro debido a la carbonización de la materia.
Y por último, otra de las etimologías que reflejan las creencias populares respecto del proceso que siguen los metales en el interior de la tierra para llegar a convertirse en oro, es “De Alchemia”, un tratado atribuido a Alberto Magno en el que define a la alquimia como la invención que tuvo un personaje llamado “Alquimo” el cual enseña a perfeccionar los metales corruptos que permanecen dentro de la tierra, lo que viene a interpretar una creencia imperante durante siglos y que está basada en que en el subsuelo se “cuecen” los minerales que van pasando desde el plomo hasta el oro  y es el alquimista quien puede acelerar este proceso al que asemejaban a la “curación” de los metales, siendo el oro el metal perfectamente sano.
Otra curiosa etimología es la que apunta a la primera partícula de la palabra, la “al”, pues en hebreo es el nombre de la suprema deidad o Dios, cuyo plural es precisamente “Elohim”, denominación que la Biblia traduce también como Dios, y en el ocultismo copto la suprema deidad era el dios del fuego o “Al-ait” cuyos adeptos o “hacedores de fuego” eran los “Alethae” cuyo principal objetivo era el de conseguir el llamado por el mundo islámico como “Alkhaest”, la “panacea universal” o elixir de la inmortalidad, fluido capaz de disolver toda la materia quedando reducida a su esencia a través de la acción del fuego, acción consentida y propiciada por su deidad suprema Al-ait.
 Dicha esencia es el principio que produce la vida en todos los reinos, es el llamado “nephesh” por la propia Biblia que lo identifica con la vida, la sangre y el alma de todas las cosas, constituyendo el principio que relaciona el espíritu con la materia, por lo que posee la capacidad de generar cualquier clase de materia y esta ha sido la constante de la alquimia, conseguir ese principio o nephesh  al que ha denominado “elixir o panacea universal”.
Nótese que la palabra “alquimia” también comienza por la partícula “al” por lo que se trata de una denominación con raíces muy antiguas y que relaciona a los hombres con el fuego y con la deidad suprema.
2.-La obra magna de la alquimia



Abarca dos aspectos con procedimientos distintos, uno para obtener el llamado “polvo de proyección” que transmuta cualquier metal en oro y el otro para la elaboración de un elixir cuyas propiedades curativas se extienden a todas las enfermedades e incluso propicia la inmortalidad.
Hay testimonios que se inclinan a creer que todo lo anterior es cierto y otros lo tienen por falso, en este trabajo nos limitaremos a la exposición de unos y de otros, sin afirmarlo ni negarlo.
Entre los autores que mantienen la creencia en su falsedad, encontramos a Benito Jerónimo Feijoo, en su obra “La Piedra Filosofal”, texto en el que nos  indica que la gran obra “constituye un antiguo y codicioso empeño que reduce a pobres quienes aspiran ser opulentos y consume el oro poseído,  sin lograr el esperado”.
El conjunto de procedimientos para la gran obra constituye un “arte” que se ha venido en calificar de “divino”, adjetivo que bien merece una explicación.
 Los griegos atribuían la expresión de divino a todo lo que les resultase admirable, fuera de lo común o extraordinario, y cuando invadieron Egipto se encontraron con las prácticas de alquimia egipcias calificándolas de divinas, pero hay que centrar nuestra atención en el hecho de que tenían la peculiaridad de la invocación a los dioses, de ahí que los conocimientos alquímicos sean de “carácter inspirado”  o divino según los griegos, que, al pasar al Islam y a Europa, se interpretó este calificativo como que era Alah o Dios quien directamente ha de conceder su gracia al alquimista por la intermediación de dioses menores o ángeles, capaces de hablar el lenguaje humano y el divino. 
Básicamente,  se consideraron tres elementos activos para la consecución de la piedra filosofal, la sal, el azufre y el mercurio, pero no los elementos naturales sino los filosóficos, es decir los que se “han exaltado” eliminando sus impurezas mediante el fuego y quedando sus principios activos que se combinarán con otros dos elementos pasivos, la tierra y el agua, consistiendo el proceso en separar el carácter masculino y el femenino de estos cinco principios para que, cuando se combinen una vez que hayan purificado,  produzcan la semilla que permitirá la transmutación a oro de cualquier metal. 


 Esta semilla es el polvo de proyección o piedra filosofal, que contiene en sí misma los tres principios básicos del Universo, el Cósmico en el azufre, el Humano en el mercurio y el Terrestre en la sal, en virtud de lo cual aparecen tres clases de alquimia, la más grosera es la del elemento terrestre, la sal, siguiéndole la del elemento humano o mercurio y por fin, el elemento divino o espiritual simbolizado en el azufre, pretendiendo que todo el proceso desde la sal hasta el azufre lo energetice el fuego, fuego que propiciará que los elementos salinos se conviertan en esencia para ser absorbida por el mercurio, que devendrá en otra esencia para ser absorbida por el elemento del azufre que, al convertirse en esencia contiene la de las dos anteriores y puede materializarse tanto en el plano divino, como en el humano o en el terrestre.
  Esta tercera esencia es el objetivo final de la alquimia o “piedra filosofal” que en un aspecto espiritual significa la constante regeneración del hombre mediante el fuego de la voluntad y de su mente, es decir, el ennoblecimiento de sus facultades anímicas mediante la sutilización de sus estructuras materiales, proceso que adopta tres coloraciones, la que corresponde a la sal el negro, la del mercurio el blanco y la del azufre el rojo.
El francés Armando Balbault, considerado como alquimista, publicó un libro titulado “El oro de la milésima mañana” (Ed. Sirio-1986) en el que describe las exigencias y los trabajos que tuvo que efectuar durante quince años para obtener el elixir universal u “oro potable” que, ingerido, afirma que cura todo tipo de enfermedades especialmente  las cardíacas, las renales y las sifilíticas.
La dedicación occidental para obtener ese oro potable o elixir de la eterna juventud, es muy probable que penetrase en Europa por influencia de China y la India, justo a través de los contactos con Arabia y con el Islam intensificados en la Edad Media.
El método seguido por la totalidad de los alquimistas, aunque cada cual lo ha variado de manera peculiar y personal a la hora de ejecutarlo, estriba en la capacidad para reproducir los procesos naturales en los que un elemento adquiere las propiedades de otro para cederlas a un tercero y así sucesivamente hasta llegar al oro, que es capaz de poseerlos todos quedando “su alma” o esencia impregnada de las características y propiedades de todos los elementos anteriores.  Esta característica del oro se interpreta como la energía cósmica que mueve al universo constituyendo la vida, y que el ser humano puede reproducir y usar.  Es el compendio de todas las energías en una sola, la energía de síntesis,  y el alquimista tiene fe en que es el oro el elemento que las puede contener para liberarlas en beneficio del hombre, una vez que se haya desprendido de su condición de metal que le confiere un estado impuro.
Hemos elegido las indicaciones de Balbault para efectuar una breve exposición de las fases del procedimiento porque nos parecen más concretas y con menor contenido místico que las de otros, pues en diversos  autores sobre alquimia encontramos expresiones como el azufre macho y el azufre hembra, el azufre que no es azufre, el mercurio macho y el mercurio hembra cohabitan para dar a luz al mercurio hermafrodita o filosofal, la leche de vaca negra, el agua de luna, el eterno fugitivo, …, mientras que en la obra de Balbault se reseñan más elementos concretos que en la de otros autores y al alcance de la comprensión de cualquiera. Otro asunto es si se admite o no por el criterio personal de cada cual. 
Es el hermafrodita o andrógino y las cuatro coronas simbolizan a los cuatro elementos que intervienen en la gran obra.
Para iniciar la gran obra no existe uniformidad respecto de lo que ha de constituir la materia prima, pues unos afirman que cada alquimista se sirve de su propia sustancia y que no le sirve la de otro, o de que en la elección de la materia ha de intervenir la inspiración divina, otros apuntan a los sulfuros metálicos como las piritas, la galena o el cinabrio -(mercurio)-,  que bajo ciertas condiciones son capaces de cambiar su carácter terrenal por el  divino  e ignoramos cómo pueden cumplirse los requisitos exigidos, ya que hay que “extraer la sustancia de la vejiga del mercurio”, o hay que recoger “el agua seca” para mezclarla con “el sulfuro que huye”  enterrándola en estiércol de caballo hasta que “se haga el alma” cuidando de que no salga “espíritu alguno”
Expresiones que preferimos no exponer detalladamente porque ignoramos su interpretación en términos químicos y porque preferimos no elucubrar sobre posibles suposiciones.
Es el Domun Dei, una de las obras sobre alquimia más difundidas en el siglo XV, en el que se realiza la cópula para engendrar al rey de cabeza roja, ojos negros y pies blancos que será el maestro con el que comienza el proceso de disolver las impurezas materiales o solutio culminando con el mercurio filosofal o lapis.


Balbault afirma que consiguió su obra magna materializada en un elixir, tras años de percepciones extrasensoriales, intuiciones, procesos mentales y actos no conocidos por la ciencia que le permitió obtener el “oro potable” mediante la fusión de múltiples y dispares energías, algunas de ellas completamente desconocidas por la ciencia actual.  El alquimista ha de dominarlas una a una captando su esencia a través de sí mismo mediante poderes de clarividencia, de la interpretación astrológica, del cálculo matemático y de la simbología, uniendo todas las fuerzas en juego en un determinado y único instante que debe aprenderse a aprovechar, pues dadas sus difíciles condiciones puede llevar al fracaso si no se cumplen de manera escrupulosa. 

3.-Etapas, elementos del trabajo, uso de la astrología y simulaciones
La exposición detallada de las fases del trabajo en la gran obra del alquimista puede llegar a ser cansina e incomprensible, así que hemos optado en lo posible por la brevedad y la claridad.
Para el inicio de la correcta acción, y según Balbault, habrá que tener en cuenta:
-la elección del lugar y momento exactos en los que se recogerá la  materia prima con la que empieza la consecución de la gran obra del alquimista.
-nutrir aquella materia prima con rocío recogido y procesado en muy concretas circunstancias, mezclándolo con esencias vegetales previamente elaboradas y flores recolectadas en determinadas tierras y condiciones.
-destilar, cocer, volver a destilar e incinerar hasta que todo se ha reducido a cenizas. Es la cadena de trabajos que se contienen en la afirmación del alquimista  cuando dice repetidamente solve et coagula durante años.
-se llega a la obtención del polvo de proyección que, al contacto con el oro absorbe toda su esencia y captando mediante la “fijación” sus propiedades  curativas le desprende de su condición de metal reduciéndolo a su esencia o alma. Es por ello que no se le encuentra mediante el análisis químico del polvo de proyección, porque permanece como alma y no como metal.
Ya habrá notado quien lea, que la ciencia no puede admitir la totalidad de estos procesos como “científicos”, por lo que para admitirlos, en cierta manera habrá que penetrar en una lógica metafísica que permita procesos tales como el de sacar la esencia del metal o su alma.
Cada una de las etapas se caracteriza por un tiempo, muchos cálculos matemáticos y astrológicos, el estado psico-físico del alquimista, las condiciones del entorno, el clima, el momento del día o de la noche en el que hay que ejecutar una tarea …, conjugado todo ello con las características y aptitudes del propio alquimista que actúa en todo momento como un verdadero catalizador.
Otro alquimista actual que se hace llamar Simón H. resume el proceso de la gran obra en 5 procedimientos que los temporiza así:
1.- la vía madre, también llamada vía húmeda, de 9 meses de duración.
2.- la vía húmeda larga, de tres años.
3.- la mixta, mitad húmeda mitad seca, alrededor de dos años.
4.- la vía del antimonio, parecida a la mixta.
5.- la vía seca, muy peligrosa, cuya práctica se mantiene en secreto, de 8 a 12 días.

Es el rabino Abraham Eleazar, el legendario y misterioso maestro de Nicolás Flamel, sobre un atanor cuya chimenea es el glifo del antimonio.  El arroyo de la parte inferior simboliza a la fase húmeda, a sus pies las cuatro letras de Jehová o cuatro elementos, la comadreja de la izquierda simboliza la vía seca o de la sal secreta (el rocío), en la que el nitrito juega un papel crucial.


Respecto de la materia con la que se inicia la gran obra, Balbault nos desvela uno de los mejor guardados secretos de los alquimistas, afirmando que se trata simplemente de tierra, tierra fresca y limpia, que ha de ser recogida mediante la elección minuciosa del lugar y del momento para ello, pues no se trata del simple trabajo mecánico de excavar y recoger en el suelo, sino que constituye una complicadísima operación ya que debe realizarse en el preciso momento en el que se producen determinadas conjunciones astrológicas entre la Luna, Saturno, Urano, el Sol y la posición astrológica del alquimista calculada a través de su mapa astral.  Balbault nos cuenta que tuvo que esperar un año.
Como acto previo a la recogida de la tierra, el alquimista ha de someterse a una estricta dieta alimenticia, a una rigurosa disciplina física y espiritual llevada a cabo mediante una vida de correcta moralidad y equilibrio, con el pleno dominio de todos sus sentidos, inteligencia y dones de percepción, para que las energías cósmicas se concentren en la tierra que va a ser recogida y en el preciso instante de su cosecha, ya que si se comete el mínimo error resultará inservible provocando el escape de las energías entre los dedos del alquimista.
Se observa una curiosa paradoja revelada por todos los autores cristianos que han versado sobre alquimia y que afirman, en primer lugar que para su práctica es indispensable ser buen cristiano, devoto, humilde, de recta y honrada intención y de pura conciencia, recibiendo la muerte como castigo al intentarlo sin estas condiciones, y en segundo lugar, todos admiten que la enseñanza sobre alquimia la recibieron del mundo árabe, al que tratan mal de manera desmesurada y con desprecio calificándolo de canalla sarracénica.
Es el círculo completo o sabiduría eterna, “Vigila durmiendo, pues somos la materia de la que se hacen los sueños”, Shakespeare en  “La tempestad”. 
A la izquierda el oratorio, a la derecha el laboratorio, la razón y la experiencia, en primer plano el horno que es la paciencia para cocer las imperfecciones o pasiones y encima de la mesa se simboliza a la música y a la armonía que han de acompañar en todo momento al opus magnum.
A partir de ahora habrá que nutrir a esa tierra energetizada cósmicamente, con la sustancia de ciertas flores recolectadas de manera muy concreta en cuanto al lugar y tiempo, ya que hay que determinar la relación entre la flor y su correspondiente planeta, precisando para ello un perfecto conocimiento de la flora y de la astrología trabajando durante meses y permaneciendo durante horas ante la flor si se hace necesario, hasta percibir el exacto momento en el que deba ser cortada.
Pasarán varios años hasta que esa tierra se haya impregnado  de las esencias vegetales y se haya convertido en una mezcla de color negro, estando preparada entonces para su combinación con el rocío, mezcla que se destilará en repetidas ocasiones  para recoger el precipitado sólido de cada destilación hasta que adquiera un color blanquecino como fase intermedia, que dará lugar mediante la repetición de las destilaciones a otro precipitado de color anaranjado o rojizo, color que indica la correcta elaboración de todo el proceso y que se ha obtenido el polvo o “lapis” con el que permanece la esencia de la naturaleza, esencia que será capaz de sanar cualquier enfermedad y purificar los metales para obtener el más puro de todos, el oro. 
Se representa la labor del blanqueo de la materia carbonizada que “es tarea de mujeres”.
Haciendo mención a otro procedimiento de entre los muchos que podemos encontrar, Pedro Rojas presenta en la revista Azogue núm. 2 de 1.999 un texto de Diego Torres Villarroel en el que describe las fases para la fabricación de la piedra filosofal y que resumimos así:
--En primer lugar se refiere a las condiciones que habrá de poseer el practicante de la alquimia: “conocimiento de la naturaleza y anatomía de los metales, firme en la empresa, sano y sin estorbos en pies, manos o en la vista, hijo de la verdadera doctrina, sutil en talento, medianamente rico y bien dispuesto en sus órganos y miembros”.
--Establece los dos principios clásicos en la alquimia tradicional, el azufre y el mercurio, a los que denomina como “el spiritus faetens o sulfur y el agua seca, agua viva o argento vivo”.
--La operación empieza con el doble procedimiento para obtener el “elixir blanco” y el “elixir rubro”.


El color blanco del “régimen de Mercurio” con el nacimiento del “azoth” al que le seguirá el “régimen de la Luna”. 
--Para la obtención del elixir blanco precisa “argento vivo” (azogue o mercurio), “sulfur citrino volátil que huye” (azufre), “sulfur verde fijo” (cardenillo o verdín, óxido de cobre y también sulfato de hierro) y “sulfur blanco fijo” (sulfato de cinc)”, elementos que reducidos a polvo y mezclados con  agua se destilan sucesivamente después de haberlos sometido a varias cocciones, obteniendo el “lapis benedictus” que contiene la esencia de tres elementos, el agua, el fuego y el aire, faltando la esencia del cuarto elemento, la tierra, que se incorporará cuando se obtenga el elixir rubro y se mezclen ambos elixires.


“Dad a nuestro dragón viviente el león feroz para que lo devore”, simboliza que en el signo de Leo reina el Sol o dragón al que le será entregada la materia para que se la coma, constituye una evocación del sulfato de hierro, corrosivo y conocido como caparrosa, vitriolo o “león verde” en la fase de cocción primera o “digestión”.

 --Para el elixir rubro se precisa: “doce onzas de sulfur verde, seis de sulfur blanco y seis de tierra rubra ponderosa (tierra roja, caliza o arcillosa)”.  Repite el procedimiento de mezclar con agua, cocer y destilar.
--Hay que elaborar un tercer elixir para que se puedan mezclar el blanco y el rubro, con el mismo procedimiento pero con estas proporciones: “doce onzas de sulfur verde, nueve onzas de tierra rubra ponderosa y nueve de sulfur blanco”.
--Hay que mezclar ahora los dos elixires con el tercero y volver al fuego para destilar, dando como resultado la lapis filosofal que “lo revela Dios a quien quiere” después de un largo proceso en el que hay que enterrar en estiércol de caballo el recipiente con el resultado de las destilaciones y durante cuarenta y nueve días, plazo en el que se repetirán las operaciones de cocción y destilación.
--En estos procesos se obtiene la “magnesia alba” o piedra filosofal que permite obtener plata y si se continúa se llega al producto final, la “piedra de las Indias, de los babilonios y de los egipcios”, que permite obtener el oro y curar todo tipo de enfermedades.
Afirma que con “una onza de esta piedra y cincuenta onzas de plomo o de estaño, se convierte todo  en piedra, multiplicándose la medicina”.
El rey representando al Sol y la reina a la Luna, sostienen a su hijo, convertido en “tintura mercurial o lapis filosofal”
En todos los procedimientos para la obtención  de la “lapis filosofal” intervienen cuatro colores, el negro, blanco, amarillo y anaranjado o rojo, colores que determinan la consecución de una de las fases para dar comienzo a la siguiente, siendo el amarillo un color de trámite, pues los básicos son el negro regido por Saturno, el blanco por la Luna y el rojo por el Sol.


El arco iris de los colores en el que se le concede mayor importancia al color púrpura como representante del fuego de lapis. 
No solo se han establecido métodos para que se creyese en la correcta consecución del procedimiento de la alquimia, sino que se han descrito procesos  para vender imitaciones.
En los papiros de Leyden y Estocolmo encontrados en Egipto hace un centenar de años y datados hacia el siglo III, se contienen una centena de fórmulas que permiten imitar oro, plata, piedras preciosas, y para tintar cristales así como telas.  Una de las fórmulas dice así:
“Para aumentar el peso del oro fundirlo con una cuarta parte de cadmia, resultará de mayor peso y dureza”
Siendo la “cadmia” una mezcla obtenida al fundir metales como el cobre, cinc o arsénico.
Contiene un curioso tratamiento del oro pero de manera superficial y que parezca que se haya hecho a la totalidad de la masa del metal:
Calentar oro hasta el rojo junto con sulfato de hierro, alumbre y sal”
El sulfato de hierro, junto con el alumbre y la sal producen ácidos clorhídrico y sulfúrico que disolverán al metal,  pero solo en la superficie y sin penetrar hacia el interior, dejando una finísima capa superficial de oro que se pule y hace creer que es una buena pieza porque pesa más que antes.
Otra de las fórmulas indica la manera de fabricar “un anillo de hermosa presencia”:
“Triturar una parte de oro y dos de plomo hasta que parezca fina harina, añadir goma y revestir el anillo con la mezcla, calentar y repetir varias veces hasta que parezca oro, resultando muy difícil descubrir el artificio con la piedra de toque porque dará la marca del oro, ya que el fuego fundirá el plomo de la mezcla quedando el oro”, se refiere a que por la acción oxidante del fuego aparecerá el litargirio o monóxido de plomo que acabará fundiéndose y desapareciendo ante la vista del observador, pero el anillo que queda no es de oro sino de cobre.
Y por último, una fórmula para  imitar a la plata:
“Sumérjase cobre en vinagre de tintorero y alumbre durante tres días, después se funde una mina del cobre, otra de tierra de Chio, otra de sal de Capadocia y seis dracmas de alumbre. Fundirlo todo añadiendo hasta veinte dracmas de plata y quedará una excelente mezcla”
La “mina” y el “dracma” son medidas de peso y la mezcla resultante tiene aproximadamente un 77% de cobre, un 19% de plata y un 4% de arsénico, debido a que el alumbre lo contiene y se funde con fuego moderado para que no se elimine totalmente.  Y lo curioso es que esta mezcla se tenía por buena plata y como tal se vendía en grandes cantidades en los mercados populares.  Lo que puede corroborar que los orfebres egipcios imitaban oro y plata y que sus métodos no se han extinguido a lo largo de la historia.
4.-Sobre los colores
El proceso de la alquimia se rige por tres colores básicos, como ya hemos visto, el negro, el blanco y el rojo, pasando por coloraciones intermedias como el  amarillo y el anaranjado.
En el siglo XVII todavía se creía que toda la gama de colores estaba contenida en los dos principios básicos de la alquimia, el azufre y el mercurio, símbolos a su vez del Sol y de la Luna, de la luz y de las tinieblas, del todo y de la nada.


El Rey y la Reina, el sol negro y el rojo, la Reina sobre la materia y el Rey sobre el espíritu, ambos relacionados por el azufre o mediador. 
Respecto de la consideración por separado de la luz y de las tinieblas para producir todas las coloraciones, se ha asemejado la luz al rojo y el negro a las tinieblas, lo que ha generado dos teorías, una la de Kircher y Goethe cuando afirman que los colores se forman por la combinación entre la luz y las tinieblas, y la otra protagonizada por Sir Isaac Newton que llegó a la conclusión de que todos los colores se encuentran potencialmente en la luz, sin considerar a las tinieblas y, cuando en 1.680 enunció su teoría sobre la gravitación universal, adscribió la fuerza centrípeta a la que impele el azufre, la centrífuga a la del mercurio y la de rotación representa la repetición de las operaciones en la alquimia para que la materia se limpie de sus impurezas y es en esta rotación cuando se producen todos los colores intermedios.
Kircher, Goethe y R. Steiner, elaboraron sus teorías sobre los colores a partir de la creencia gnóstica sobre que todo lo existente nace de la refracción de la luz divina en la materia precisando de un mediador, que Paracelso lo encontraba en el azufre.  Asimismo se basaron en los conceptos que se tenían en la alquimia sobre los colores, conceptos recogidos por el gnosticismo y que les proporcionó la idea de que “el tejido cromático del mundo”  es el resultado de la refracción de la luz divina en el mundo material, simbolizado por las aguas sombrías y agitadas. 
  Cuando las tres fuerzas descritas por Newton, la centrípeta, centrífuga y de rotación, se encuentran en perfecto equilibrio, entonces se engendra la “prima materia”, origen de todas las cosas o piedra filosofal. 
  La refracción de la luz divina en la materia a través del azufre o mediador entre lo humano y lo divino. 
 Paracelso afirmaba, como ya hemos visto,  que todos los colores  son el resultado de la relación entre la materia y el espíritu mediatizada por el azufre, según que prevalezca el espíritu sobre la materia se producirá un determinado color.  Quizá sea por ello que Goethe sigue a Paracelso en estas ideas sobre los aspectos cromáticos al observar el efecto que producen los ácidos sobre el azufre, ya que en las distintas concentraciones se producen diversas coloraciones.
Básicamente, la coloración roja-anaranjada de la última fase alquímica puede obtenerse sometiendo  la heliantina a la acción de un ácido, así como que si este ácido actúa sobre el tornasol provoca coloraciones rojas cuando predomine el ácido o azules si lo hace una base.

El color blanquecino



El color blanquecino podían obtenerlo sometiendo la estibina a la acción del ácido clorhídrico, lo que produce un sólido incoloro,  el tricloruro de antimonio,  que cuando se disuelve en agua precipita, y si se deseca queda un polvo blanco que es el oxicloruro de antimonio,  y bien pudiera pasar como el resultado de la primera fase de la alquimia sin que ello sea cierto.  También se obtiene un sólido blanco que funde solamente a los 30º por la mezcla entre agua y ácido nítrico, mezcla llamada “ácido fumante”.

Los colores negro y anaranjado
La coloración intermedia es la amarilla y puede obtenerse mezclando el antimonio con el cloro dando como resultado un pentacloruro cuya coloración  varía en intensidad dependiendo de las proporciones en las que hayan intervenido  el cloro o el antimonio.

La coloración roja-anaranjada simbolizando al león rojo y volador, régimen del sol regido por el color púrpura.

Y la roja o anaranjada, se obtiene sometiendo el antimonio al ácido sulfhídrico, y todos estos elementos eran conocidos y manejados antes de la Edad Media.
Los colores en la alquimia del Egipto antiguo, del Islam y en el continente asiático, diferenciaban cualidades en el ser humano simbolizadas por ocho clases de flores llamadas “flores de santidad” y todas ellas ha de contenerlas el alquimista en su justa medida, dichas cualidades se institucionalizaron posteriormente y cada religión las adoptó a su manera, pero puede entreverse su raíz común si las contemplamos, y son las siguientes:  caridad, dominio de sí mismo, afecto, paciencia, resignación, devoción, meditación y veracidad.  
 Todos los colores se generan a partir de las dos polaridades o principios, el azufre y el mercurio, el sol y la luna, el fuego y el agua, la luz y las tinieblas. 


El practicante de alquimia vigilaba recelosamente la consecución de los correspondientes colores durante todo el proceso, pues le daba razón sobre su correcta ejecución.  Sin entrar en la consideración de aquellos que han engañado, el verdadero alquimista ha buscado el oculto espíritu o esencia contenida en toda materia orgánica y hombres como los rosacruces medievales (Robert Fludd, Paracelso, Thomas Vaughan o Filaleteo y Van Helmont entre otros) alquimistas todos ellos, y R. Bacon, Agrippa, Geber o Enrique Kunrath entre otros muchos, no merecen ser calificados de embaucadores ya que han legado grandes beneficios a la humanidad porque fueron capaces de penetrar en los secretos de la Naturaleza y reproducirlos para provocar determinados efectos en la salud, en la tecnología o en la filosofía.


5.-La recogida del rocío según el Mutus Liber
 
El libro Mutus Liber o Libro Mudo ha servido de base para numerosos escritos acerca de las tareas de la gran obra escenificadas mediante 15 grabados con profundo significado alquímico.  No se ha determinado con exactitud su autor aunque se apunta hacia Altus, un seudónimo de Jacobus Sulat.  Aparece una primera edición en 1.677 en La Rochelle, de la que el discípulo de Fulcanelli, Eugenio Canseliet, apunta que gracias a esta edición pudo aislar la sal del rocío, volátil en extremo, y que contiene un delicado y finísimo nitrito capaz de refinar a otras sales de cuya aplicación resulta el armoníaco, como unión armoniosa entre el propio amoníaco y la sal obtenida del rocío.

Es la primera lámina del Mutus Liber en la que si leemos al revés las tres líneas de números en la parte inferior, son tres citas bíblicas en las que se hace referencia al rocío celeste y a las flores.  Es el sueño de Jacob con la escalera que une el espíritu con la materia.
La plancha número 3 del libro Mutus Liber puede ilustrar magistralmente la acción de la recogida del rocío, en la que se muestra a un hombre y una mujer torciendo una tela de la que caen gotas de un líquido, al fondo un carnero y un toro, el Sol, la Luna y unos rayos que descienden sobre todo el paisaje.
El hombre representa al sol y la mujer a la luna. Al rocío  también se le denomina “vitriolo de sabios” y se representa con un león verde, ya que se recoge por primavera.  El glifo de la recogida es una esfera con la cruz en su parte superior, símbolo con el que también representaban al antimonio.
La recogida y procesamiento del rocío tiene una razón de ser, y es para facilitar la unión entre el azufre y el mercurio, operación que solo es posible con la ayuda de la sal ígnea obtenida a partir del rocío y compuesta de amoníaco, nitrato y sales tartáricas, mezcla que está contenida en el rocío de la primavera.
Las ideas acerca de la utilización del rocío arraigan hasta adelantado el siglo XVIII, pues Georg Von Welling en su obra “Opus mago-cabalisticum” publicada en 1.719, conceptúa al mundo en cinco regiones, el fuego y el agua que se unen en el aire para crear al chamain o agua de fuego que es la que se precipita por la madrugada a la tierra en forma de rocío y que constituye la simiente de todo lo existente  vivificada por el fuego central.
Es la plancha núm. 3 del Mutus Liber.
La recogida del rocío, operación en la que se extienden telas sobre la hierba para recogerlas de buena mañana, lo que debe realizarse en primavera, cuando el Sol transita entre el Carnero, Aries o abril, y el Toro, Tauro o mayo, siendo favorable el aspecto de la Luna para que se forme entre los dos un campo energético que concentre la energía cósmica en forma de rocío que desciende al suelo.


La idea  del hombre representando al sol y de la mujer a la luna, símbolos de la alquimia respecto del mercurio y del azufre, proviene del mundo islámico en el que, una vez purificados y preparados por la acción del rocío, se destinan a su conjunción para dar a luz a “lapis” o piedra filosofal, que los diviniza convirtiéndolos en oro puro y concediéndoles la inmortalidad.



Se deposita el rocío en seis escudillas para que sea potenciado por las energías cósmicas.  Según Canseliet, es esta energía la que establece la diferencia entre la alquimia y la química. Según el conde Marsciano en su obra “De Alchimia” en 1.744, el rocío es materia celestialmente espermática y fecunda, eléctrica y virgen en general. 


El propio Armand Balbault hacía esta operación tal como refleja una fotografía en la que, aunque defectuosa, se le puede ver recogiendo el rocío que luego mezclaba con tierra virgen y limpia de fertilizantes, dejando reposar la mezcla durante tres años hasta que se tornaba negra.  En los años 60 presentó a la televisión francesa una “tintura o elixir” capaz de curar enfermedades y hasta proporcionó una muestra a diversos laboratorios para su análisis sin resultado ni éxito algunos, pues no se observaron efectos reales en ningún momento. 

Armando Balbault  en la tarea de recoger el rocío de la mañana.


La mezcla entre el rocío, la tierra, los jugos vegetales y las flores, se deja madurar sometiéndola a un largo proceso de destilaciones, secados y triturados que duran años, repitiendo sucesivamente todas las operaciones, para lo que se requiere mucha paciencia, tenacidad, fe, ayuda divina e intenso trabajo día y noche practicando el silencio y la paciente espera para que la vida del propio alquimista se una a la existencia cósmica que le proveerá de la necesaria energía que le permitirá la consecución de su gran obra.
Ser alquimista requiere abandonar el mundo para dedicarse por entero a su obra e ingresar en otro mundo.

Es la muerte de la materia o tierra virgen denominada el cuervo que la simboliza y acabará tornándose negra.  Corresponde a la fase o régimen de Saturno.


Después de todo este largo proceso en el que se han realizado repetidas veces operaciones de destilación, cocción y triturado para volver a destilar, cocer y triturar y así sucesivamente, se mezcla el polvo resultante con oro puro para que adquiera sus propiedades medicinales, desapareciendo por completo el oro como metal.  No faltan creencias sobre su aplicación a todas las enfermedades para sanarlas, en especial a las cardíacas, renales y sifilíticas.

Es el régimen de la luna caracterizado por el color gris y regido por Júpiter.


Parece imposible su comercialización debido a varios factores que resultan obvios, como son el precio desorbitado que alcanzaría debido al tiempo requerido para su obtención y la cantidad de oro puro que haría falta, así como la imposibilidad de repetir la operación en cualquier lugar, momento o condiciones, aparte de las exigencias respecto al propio alquimista invocador de la gracia divina.

Régimen previo al del sol, de color naranja.


Raymond Albellio describe la gran obra como:  “la sagrada mezcla hecha del sol de levante, de rocíos y savias, donde la más pequeña hoja de hierba es tocada con religioso respeto.  Es el mundo de las fuerzas oscuras del centro de la tierra  que se juntan en un inquietante trabajo de parto, ora aliadas y ora enemigas, de las que los hombres parece que esperan encontrar algún secreto sacramento.  Por fin llega la milésima mañana y el alma del oro se abre.”
Así pues, si todo lo expuesto fuese real, se habría cumplido el sueño de Pitágoras al lograr combinar la exactitud matemática con la inspiración divina.
La consecución feliz de la gran obra, la opus magnum, implica la obtención de una sustancia en forma de polvo generalmente grisáceo, blanquecino o de tonos anaranjados que al mezclarlo con agua o extractos vegetales, se puede ingerir como terapia de cualquier tipo de enfermedad  o dolencia produciendo, según afirman, la sanación completa así como la inmortalidad, pues purifica al cuerpo de la misma manera que lo está el alma al establecer el contacto entre ambos.
La creencia respecto de otra aplicación del polvo resultante estriba en obtener oro metálico y puro en la cantidad deseada, pues permite al alma del oro tomar cuerpo en forma de metal mediante la intervención del alquimista y sirviéndose de la forma metálica impura de otro metal, generalmente el plomo.
De las descripciones con mayor concreción sobre este polvo o piedra filosofal que podemos encontrar, disponemos de la de Fulcanelli, del que afirma su discìpulo Canseliet que la obtuvo en 1.922 y dice así: “es un cuerpo cristalino, diáfano, rojo o amarillo después de pulverizarlo, denso y muy fusible, penetrante, irreductible, ardiente e incalcinable”.
Algunos alquimistas y estudiosos de la piedra filosofal, aluden a una tercera aplicación y es aquella en la que la pureza de la misma es tal que puede producir cantidades de oro sin límite, tomando en este caso la forma de un fluido incoagulable con brillo propio al que denominan lámpara perpetua y que se afirma haber encontrado en algunas tumbas antiguas.
Se cuenta una anécdota sobre el papa León X que recibió el escrito de un experto en el arte de la alquimia dedicado a su persona, para que quedase constancia de los hechos y práctica que allí narraba esperando una generosa gratificación económica, ya que el papa era buen protector de las artes y de las letras.  A los pocos días recibió una bolsa vacía con un breve escrito en el que el papa le rogaba que llenase a su gusto la bolsa ya que era experto en las artes de fabricar oro.
La avaricia que ha creado la creencia de disponer de todo el oro deseable ha salpicado a gentes de toda clase social, siendo aquellos con mayor poder quienes demostraban mayores dotes de avaros, pues en Praga y en tiempos de regencia de los emperadores Maximiliano II y Rodolfo II, se construyó una verdadera metrópoli que albergaba los laboratorios de los alquimistas contratados por los regentes, con la finalidad de fabricar oro y más oro.  Sin embargo, no se tiene constancia de la consecución de la obra áurea y si que constan las grandes deudas en las que incurrieron ambos emperadores.
Existen pocos alquimistas considerados como verdaderos y la mayoría de ellos tienen una virtud que les caracteriza,  es su honradez y rectitud, lo que les hizo desconsiderados ante la fabricación del oro o del elixir y exigentes al ocuparse de su propia transmutación espiritual subyugando a este fin su parte material y no la de los demás.  Todo ello sin menoscabo de que consiguiesen o no la piedra filosofal, afirmaciones que no las han enunciado ellos sino sus seguidores que han intentado beneficiarse del buen hacer de sus maestros.
 Sirva de ejemplo Fulcanelli, de quien no se conoce si consiguió o no la lapis, sino que lo dijo de él su discípulo Canseliet, y que definió la alquimia como “el arte de la química espiritualista que permite entrever a Dios a través de las tinieblas de la materia”  o como lo enunció Titus Burckhardt “es el arte de las transformaciones del alma”.
La saga de charlatanes y embaucadores que han pretendido enriquecerse a costa de otros y en nombre de la alquimia, son los contribuyentes al desprestigio y deshonor de lo que ésta tiene de noble y espiritual, quedando implicados en los fraudes gentes de todas las clases sociales, pues no han faltado médicos para certificar la milagrosa curación de alguien al haber ingerido el elixir de turno o el fedatario que ha acreditado la obtención de oro a partir de un pedazo de plomo.
Nos encontramos con sorprendentes afirmaciones sobre la fabricación de oro tales como la del obispo George Berkley, que en su obra “Siris”  expresa su convencimiento de que se consigue su producción ilimitada a partir de la luz, estableciendo el método para ello: condensando la luz cada vez más hasta que pueda introducirse en los poros del mercurio”.
 Todo ello estaba propiciado, quizás, por otras afirmaciones de científicos como Sir Isaac Newton al expresar que toda materia puede convertirse en luz y viceversa, opinión que hasta la fecha nadie ha podido refutar y que no es novedosa, puesto que se remonta a los orígenes del gnosticismo cuando se afirmaba que la luz penetra todos los planos y esta encerrada en la materia, asimismo Paracelso expresaba que  ”la materia esta iluminada por la luz a partir de un punto central que la penetra en toda su extensión”.
 Podemos observar que se trata de ideas concatenadas históricamente y que se derivan de otras anteriores afirmadas por civilizaciones más antiguas, con la diferencia tan solo en la expresión, pues actualmente somos capaces de mayores concreciones que antaño, quizá sea por ello que utilizamos instrumentos más precisos que nos permiten penetrar en áreas de conocimientos prohibidos a nuestros antepasados, lo que constituye una línea evolutiva oscilante, ora pro-idealista ora pro-materialista pero sin perder la conexión entre ambos extremos, pues cuando el ideal consigue materializarse se cierra medio círculo para abrirse el otro medio en el que el materialismo alcanzado pugnará por encontrar su ideal y cuando lo encuentre se habrá completado un ciclo, en cuya base se asentarán los cimientos del próximo que, con toda seguridad, será más incluyente que su antecesor.  

Típico laboratorio de alquimia del siglo XVI.
Cuadro de Jan Van der Straet.


 Y así sucesivamente, queda constituida la espiral evolutiva y que tiene plena aplicación en la alquimia, pues ha pasado por épocas en las que ha predominado su parte mística y otras de predominio materialista o experimental. 
La evolución de la alquimia, como la de cualquier otro aspecto evolutivo humano, implica necesariamente que, habiendo alcanzado determinado nivel, sea material o espiritual, siempre  es de mayor envergadura que el anterior.
Dentro de un nivel material y en lo que respecta a la transmutación perseguida por el alquimista para obtener oro, debemos considerarla respetuosamente y evitar la  pertinaz actitud de negarla o de afirmarla taxativamente, pues muy poco sabemos de culturas como la del imperio egipcio o del maya e incluso del mítico hombre atlante, lo que si parece claro es que nuestros científicos dudan de que los antiguos alquimistas consiguiesen su fin con los hornos de fuego o atanores, sin embargo es necesario considerar experimentos actuales en los que se manifiesta la posibilidad de la transmutación material,  tal como el que en marzo de 1.990, el científico inglés Martin Fleischmann de la Universidad de Suothampton, y su homólogo americano en la de Utah, Stanley Pons, consiguieron fundir átomos de deuterio mediante la electrólisis de agua pesada utilizando un cátodo de platino y un ánodo de paladio, realizando esta fusión a temperatura ambiente, pues hasta entonces se había afirmado que hacen falta enormes cantidades de energía o calor para la desintegración atómica.  Sin embargo, a pesar de estos informes sobre las transmutaciones efectuadas por algunos científicos, ninguna de ellas se ha podido reproducir plenamente y en condiciones garantes.
Hoy en día sabemos que el isótopo 189 del mercurio tiene afinidad por atraer electrones y puede llegar a convertirse en oro desintegrándose,  propiedad que aprovechó Anderson en 1.941 para someter al mercurio a un bombardeo de protones, obteniendo como resultado oro, pero oro radiactivo que tiende a desintegrarse por inestable y no puede ser aprovechado como tal.  Asimismo, un transuránido del plomo, el ekaplomo, posee la propiedad de proporcionar mediante esta transmutación artificial, un isótopo estable del oro que ya no es radiactivo y, por lo tanto, pudiera ser aprovechado.
Pueden diferenciarse tres épocas respecto de la relación entre la filosofía, la alquimia y la química que han dejado su impronta en la humanidad:
             -hasta el siglo II se desarrollan a la par filosofía y alquimia.
             -hasta el siglo XVII predomina la alquimia experimental.
             -actualmente predomina la química.
Parece lógico pensar en que el futuro inmediato necesitará de un sistema filosófico que regenere la alquimia en otro estado de mayor evolución que el anterior, lo que provocaría el descubrimiento de nuevos elementos y de una nueva química, y esta lógica puede encontrarse en el conocimiento del átomo basado en la relación existente entre la energía que mantiene el orbital de electrones y el núcleo de protones, así como el papel que desempeñan los neutrones, corpúsculos capaces de generar tanto a protones como a electrones, y quizá ese estado nuevo permita establecer contactos con aquella “gracia divina”, dioses o ángeles cuyos testimonios los encontramos por doquiera investiguemos.
Son múltiples los testimonios sobre fantásticas relaciones de hombres con otros seres, y parece que más frecuentes al considerar épocas anteriores, pues relatos como los de  De Mirville  en su obra  “Los espíritus”  hablan de las razones de la existencia de las enormes y colosales ruinas que cruzan América de norte a sur a través de Las Montañas Rocosas y de los hallazgos de huesos gigantescos con la misma forma que los del esqueleto humano actual pero 3 o 4 veces mayores,  ¿corresponden a seres que han vivido aquí y de unos de 5 metros de altura o más?, huesos encontrados en los alrededores de Munte  y en Caledonia mencionados por T. A. Wise en su obra “Historia del paganismo en Caledonia”, así como las estatuas de la isla de Pascua o Rapa-nui y las destruidas y colosales estatuas de Bamián, ciudad del Asia Central entre Cabul y Balkh, arrasada ya por Gengis Kan en el siglo III.
Testimonios como los Gibborim o gigantes  tanto anteriores como posteriores al diluvio bíblico o los  Anakim  de Josué, entre otros muchos, son relatos que dejan abierta la posibilidad de que hayan existido en la tierra que ahora pisamos seres de gran envergadura física, así como relaciones con otros seres suprafísicos que se han perdido en nuestra actualidad, tales como las leyendas sobre las piedras parlantes u oráculos.  Sirvan como ejemplos de ello, la mención contenida en el Libro Corinto, I-X-4º, respecto de la piedra espiritual que seguía a Israel allá donde fuere para guiarle en su errante caminar o la del poema de Orfeo sobre “las piedras” a las que divide en ophites o piedra serpiente y  siderites o piedra estrella, piedras con el don del habla mediante las que Heleno pudo predecir la destrucción de su patria, Troya. 


Es la “montaña de los adeptos” con sus cuatro elementos, la rueda de los signos del Zodíaco, y en la escalera se encuentran señaladas las operaciones de la alquimia: calcinación, sublimación, solución, putrefacción, destilación, coagulación y trituración. 
Si los intereses religiosos y políticos no hubiesen destruido todas las manifestaciones a su alcance respecto de las relaciones proféticas y mágicas que nuestros antepasados mantenían, según se relata,  la ciencia podría saber mucho más acerca de las mismas, así como respecto de la alquimia y de todos sus intrigantes aspectos, pues el llamado “efecto Venturi” que permite elevarse a un avión mediante el chorro de aire sobre sus alas produciendo una disminución de su campo gravitatorio, lo que hace que se eleve desplazándose en el aire, pudiera ser conocido y dominado desde muy antiguo, solo que con “instrumentos” distintos a los que nosotros empleamos, pudiendo ser esos “instrumentos” los dioses o seres suprafísicos que actuarían como intermediarios entre el hombre y el objeto sobre el que se pretende determinado efecto. 
Cabe la posibilidad de que nuestras anteriores civilizaciones dispusieran de máquinas que produjesen efectos similares o de contactos con seres que propiciasen cambios en los campos gravitatorio o magnético para producir efectos sorprendentes hoy en día para nosotros, efectos que podrían abarcar la transmutación de una materia en otra, fin último de la alquimia.
6.-La transmutación en  alquimia y la radiactividad.
La transmutación constituye un acto repetitivo y que es reversible, mientras que la metamorfosis ocurre una sola vez y no es reversible.  Entendida en el plano físico, la transmutación puede desembocar en la licantropía o el vampirismo mediante relatos como el de la novela de Bram Stoker  “Drácula” influido por ideas de la sociedad Golden Dawn,  la de  R. L. Stevenson respecto del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde o la de Fritz Lang “El testamento del Dr. Mabuse”.
  La alquimia persigue la transmutación y no la metamorfosis, pero no circunscrita al plano físico, sino propiciada por una causa originada en planos cada vez más sutiles por lo tanto más espirituales, y si esto es así, la materia resultante será más perfecta que la anterior ya que su causa es cada vez más espiritual.
  A través de la repetición sine fine de todo el proceso, se llegaría a una causa “origen” que estaría situada en un plano no material, es decir en un plano divino, por lo que la materia correspondiente sería la de mayor perfección, sin impurezas ni pecado, y para todo el proceso se precisa el fuego que consuma las materias impuras, de esta manera podría contemplarse la posibilidad de relaciones entre los seres humanos y otros seres que pudieran pertenecer a otros reinos, tal como sugieren las leyendas y testimonios de las piedras parlantes o los gigantes y cíclopes Gibborim o Anakim, relaciones que de haberse producido hubieran podido desembocar en una transmutación de la materia de muy difícil comprensión en la actualidad, debido a la ausencia de aquellas relaciones.
La transmutación como hecho natural y sin que intervenga la voluntad humana sino otra “voluntad” ajena al hombre, efectivamente se ha probado, tal como quedó demostrado en el tratado “Transmutaciones biológicas” de Louis C. Kervran en el que describe, entre otros,  el experimento llevado a cabo  por un grupo de biólogos que sometieron a las gallinas de una granja a una alimentación totalmente exenta de calcio y añadiendo al pienso que les suministraban determinadas dosis de mica  (silicato alumínico potásico), de manera que fueron creciendo con normalidad hasta que comenzaron a poner huevos, y que estos huevos tenían el mismo calcio en su cáscara que los de las otras gallinas, además, se asombraron cuando observaron que sus huesos no se encontraban descalcificados en absoluto. 
Es decir, que el organismo de estas gallinas desarrolló espontáneamente un método “alquímico” de transmutación para que el átomo de la mica que ingerían, con 19 protones en su núcleo, capturase un protón de otro átomo para tener 20, que es justo el átomo del calcio y de esta manera, ni sus huesos ni sus huevos tenían deficiencias.
Puede pensarse que si hasta el siglo II la alquimia se desarrolla junto a la filosofía, es porque se ha perdido gran parte de estas facultades extrasensoriales y las relaciones con seres cuyo resultado se considera hoy en día como mágico, buscándolas a través de la filosofía como método para encontrar y explicar sus causas, ya que puede suponerse que la voluntad humana se relaciona con otra voluntad, y que esta relación pudo ser más consciente en el pasado que en el momento actual y que, cuando vuelva a serlo, ambas voluntades habrán evolucionado para efectuar la correspondiente transmutación alquímica en un estado material de mayor sutilidad, es decir, más espiritual. 
El laboratorio de un alquimista.
Cuadro de Teniers.


Este vasto sistema filosófico intentó anularse con métodos convencionales e infrahumanos como la inquisición o el exterminio de cátaros y valdenses en el siglo XIII, para que se extinguiese la capacidad imaginativa en deducir las causas de las cosas y evitar el desarrollo de la inteligencia.
 Paracelso hace una comparación entre la inteligencia y un imán, pues mediante el imán se atraen las cosas materiales para transmutarlas en el interior del cuerpo racional y devolverlas más bellas, lo que es una actitud inteligente.  Y esta es precisamente la finalidad suprema de la alquimia:  transmutar a mayor belleza.
Al tratar de la transmutación, se hace necesaria una reseña a la radiactividad, pues se define esta como la energía que desprende la materia al pasar de uno a otro estado, y eso es precisamente lo que pretende la alquimia, pasar de un estado impuro de “plomo”  a otro puro de “oro”.
Cuando la materia se define en un determinado estado, como puede serlo el plomo, subyace una energía que cohesiona las partículas elementales para que se mantengan unidas formando sus correspondientes átomos, y el conjunto de estos átomos así cohesionados forma el plomo del ejemplo, de manera que si la forma fuese el oro, haría falta una energía distinta a la anterior para que aquellas partículas elementales se cohesionen de manera diferente para formar ese oro.
Pues bien, de ahí la primera operación de la alquimia, la “solve”, es decir, disolver, disgregar y separar en “unidades elementales”, de manera que al hacerlo quedará liberada aquella energía cohesionadora.  Al liberarse dicha energía se produce el fenómeno que llamamos radiactividad.
Parece lógico que en todo proceso de transmutación se libere energía como resultado de la primera operación alquímica y que consiste en la disgregación de la forma.
 Pero he aquí el primer error del procedimiento alquímico basado en el fuego, ya que el fuego destruye y no disgrega, mientras que la energía que cohesiona a la materia disgrega en unidades elementales sin destruirlas para que puedan ser integradas de nuevo, formando nueva materia de mayor pureza que la anterior, y en este sentido deberá desarrollarse la alquimia del futuro, basándose en la disgregación y no en la destrucción. 


7.-Transmutación social:  La Sociedad de la Niebla
La verdadera alquimia no pretende la transmutación individual sino hacerla extensiva a toda la humanidad, y en este sentido se han detectado sociedades encargadas de sondear en un sector de la población la reacción que supondría la ejecución de un determinado acto, que en principio es simulado y resultará aplicado en la realidad si el sondeo es favorable a determinados intereses.  De la misma manera, se han pretendido y se pretenden cambios sociales encaminados hacia determinados ideales o como reacción en contra de las circunstancias actuales.  Todo ello es transmutación,  ya que se pretende cambiar las mentes y la ideología de millones de personas para que se produzca un cambio social en determinado sentido.
Annie Besant fue notable como activista política para que la India se emancipase del Imperio Británico y antes de aceptar el cargo de presidenta de la Sociedad Teosófica, influyendo profundamente en seres que como Gandhi han dejado una cuña de valores espirituales inmersa en un clima de odio y de materialismo, lo que provoca destrucción o deseo de destruir, retrasando la conquista de aquella energía cohesionadora. 
Dentro de estas iniciativas, colectivos como la Sociedad Teosófica o la Golden Dawn, surgieron en el siglo XIX como resultado de los grupos de pensadores, místicos y políticos que se encontraban desencantados ante dos siglos de racionalismo, época descrita por el poeta irlandés William Butler Yeats como:
          “la rebelión del alma contra el intelecto”
Pues tanto Escocia como Irlanda, fueron alentadas por personajes como Yeats para llevar a cabo sus aspiraciones independentistas y tratando de encontrar en sus raíces celtas todo aquello que justificase sus motivos para emanciparse.
En Gran Bretaña, la Golden Dawn influenciaba a autores de novelas como el mencionado Bram Stoker o Bernard Shaw, mientras que en Francia se producía una potente corriente dentro de la que se encuentran personajes como Alejandro Dumas,  George Sand,  Delacroix,  Poussin,  Gerard de Nerval o el mismo Jules Verne, y esta corriente se trata de la Sociedad de la Niebla.
 Esta sociedad se fundó en el siglo XVI por un impresor afincado en Lyon y llamado Griphe para la que eligió el nombre de “Néphès”, una antigua sociedad griega cuyo nombre significa “niebla” y constituye el símbolo sobre el que se representa la acción de Dios en el mundo, tal como se contiene en el libro Eclesiastés, 24-4:
Yo levanté mi tienda en las alturas y mi trono era una columna de nube”.
Y esta acción de Dios en el mundo la pretenden realizar a través de iniciativas como las de estas sociedades provocando cambios sociales desde las mentes de los hombres. 
La Sociedad de la Niebla toma su ideología de la francmasonería y, al menos en sus principios, pretende el conocimiento de Dios a través de la naturaleza y de sus leyes  reproduciendo la filosofía natural aristotélica,  ideología compartida asimismo por los gnósticos y rosacruces, resultando que la mayor inspiración de la Sociedad de la Niebla la encuentra en Los Iluminados de Baviera, sociedad creada por Adam Weishaupt en el siglo XVIII y que, según George Sand, reclutaba a todos los instigadores que:
      “dirigen todas las cosas, deciden la guerra o la paz, castigan a quienes consideran perversos y hacen temblar a los reyes en sus tronos”
Curiosamente, los Iluminados de Baviera defienden los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad, habiendo influido decisivamente en el advenimiento de la Revolución francesa en 1.789.
La Sociedad de la Niebla rehabilitó un texto medieval atribuido a un monje dominico en Italia, Francesco Colonna, siendo el nombre del libro “El sueño de Polifilo”, con contenidos que han influido a Miguel de Cervantes, Dante y Goethe,  y han inspirado jardines como los de Versailles en Francia,  los de Bomarzo en Italia o los de Aranjuez en España, todos ellos llenos de símbolos descritos en El sueño de Polifilo.
Alejandro Dumas, padre, publicó en 1.839 su novela “El Capitán Panfilo”, símbolo de Polifilo, pues “Pan” significa todo o “poli” y  la terminación “filo” coincide con el original, además conocidas son sus aficiones sobre temas esotéricos y las amistades con personajes que han tratado estos temas como Papus o Eliphas Levi, siendo él quien presentó a Julio Verne, entonces un joven, al editor Pierre Jules Hetzel.  Dumas fue notable como masón y libertario apoyando proyectos unificadores como el de Garibaldi en Italia, en cambio su amigo Hetzel se dejó notar como activista político, aunque ambos han colaborado estrechamente en los mismos proyectos.
Dumas y Hetzel son decisivos en la Sociedad de la Niebla, pues mientras Dumas buscaba y captaba nuevos valores literarios a través de los cuales se podría propagar la ideología de la Niebla,  Hetzel les editaba sus obras, se las distribuía y promocionaba como nadie.
Uno de los personajes de Verne en su novela “La vuelta al mundo en 80 dias”, Philéas Fogg, esconde un nuevo Polifilo en su trama, pues etimológicamente puede descomponerse en  “eas” que en griego significa todo y es el equivalente de Poli, y Fogg en inglés significa niebla.   Pero hay más, ya que  Philéas Fogg pertenece al selecto club llamado   “Reform Club”, otra vez queda patente el deseo de reformar o transmutar, cuyas iniciales coinciden con las de la sociedad Rosa-Cruz además de dotarle de una de las características de la alquimia:  la inmortalidad, pues lo describe como  “un byron impasible que parece haber vivido miles de años sin envejecer”.
La Sociedad de la Niebla estableció una especie de complot para que se transformase el cristianismo mediante los rituales inspirados en los misterios de la sangre y que estaba financiado por la casa de los Habsburgo, pretendiendo secretamente realizar los ideales anárquicos de la Niebla mediante una profunda transformación social en todos los ámbitos:  desacreditar a todas las casas reales europeas para establecer una única dinastía reinante e institucionalizar la figura de un Gran Monarca en Europa, objetivo perseguido asimismo por otros grupos como el Priorato de Sión.
 Aquí tenemos el Gran Priorato de España, cuyo objetivo es cambiar el mundo a partir de la educación.


 
8.-El fuego y las fuerzas espirituales
Tomás de Aquino en su obra “Sentenciarios”, 7 – 3 art. 1, considera imposible que la transmutación en la alquimia se produzca con la acción del fuego físico pero deja abierta la posibilidad de que se realice mediante el “fuego del sol” lo que lleva a dos interpretaciones, una para considerar que el calor del fuego físico no es lo suficientemente penetrante u oxidante como para separar los elementos que intervengan en el proceso y la otra que el fuego del sol o luz solar produce radiación, y que la radiación es penetrante en la materia pudiendo efectuar aquella separación como fase previa a la transmutación.
Hemos visto que la alquimia clásica precisa del fuego como el pretendido elemento provocador de toda transmutación.  Fulcanelli critica a la química acusándola de que no comprende la verdadera causa de la transmutación:  el fuego.  Lo considera como “principio espiritual, voluntad superior y dinamismo dentro de todas las cosas”,  y no limitándolo a un simple proceso de oxidación, tal como afirma la química.
Pretende que el fuego energetice a la materia infundiéndole un movimiento que no poseía y que precisa abandonar la estructura anterior, siendo quemada, para regenerarse y lograr otra estructura más pura.
En el intento de fundir a altas temperaturas los elementos integrantes de la gran obra, se construyeron hornos de distintos formatos y existen dibujos de la época en los que se representa la explosión del horno que no soportaba  tanto calor.
Científicamente está constatado que el movimiento de elementos dentro de las estructuras atómicas está motivado por un elemento energético que les suministra poder o energía, como puede ser el fuego o la intención del observador, lo que hace necesario admitir que las formas materiales pueden estar condicionadas y propiciadas por la subjetividad humana, y quizá en anteriores épocas ha sido más fácil manifestarlas objetivamente debido a la realidad de una relación entre el ser humano objetivo y otro ser de carácter subjetivo, el ángel, cuyo resultado son las formas materiales, tanto las objetivas como las subjetivas.
Es lógico deducir que nuestro universo tiende a ser cada vez más subjetivo, ya que la capacidad de relación entre el ser humano y el angélico se produce en niveles más energéticos para cada ciclo evolutivo lo que precisa de materia con mayor sutilidad, es decir más espiritual,  hecho que ya reconocía Aristóteles cuando afirmaba que la tendencia de nuestro mundo físico es a desaparecer mientras que tiende a manifestarse el otro mundo espiritual o subjetivo. 
Platón nos ofrece en este sentido, una alquimia que relaciona el intelecto divino de las regiones espirituales con el de las regiones materiales a través de los planetas, regentados por seres que permiten la comunicación entre lo espiritual y lo material y, debido a las distintas condiciones objetivas de cada planeta, estos seres establecen relaciones con todos ellos sin causar perjuicios ni resultar perjudicados, son las llamadas “fuerzas espirituales” y que si el hombre adquiere la capacidad de actuar entre las regiones materiales y las espirituales tiene el poder de transmutar la materia haciéndola más espiritual o más material.
 En este orden de cosas, los seguidores paracelsianos son más peligrosos que los galenos debido a que se dejan influenciar por sus creencias y por los astros, utilizando los metales representativos de cada planeta para su ingestión e inspirándose en magias y leyendas populares.

Es una pintura de Joseph Wright en el museo de Derby, Inglaterra, representando el momento en el que Henning Brand de Hamburgo, en 1669 descubrió el fósforo sin proponérselo cuando calcinaba orina humana previamente desecada  y mezclada con arena para destilar los gases resultantes esperando obtener la piedra filosofal, por lo que se denominó a todas las sustancias con propiedades luminosas y durante un tiempo el fósforo de Brand.
La obra tiene como grabado estas palabras: “Omne decus nisus in arena”, es decir “todo decoro tiene como fundamento a la arena”.
El nombre de fósforo lo aplicó un alquimista de Sajonia cuyo nombre es Balduin y le atribuía la cualidad de atraer la luz del sol, pretendiendo su utilización para obtener el “spiritus mundi”. 
 Puede observarse que en el reloj del laboratorio son las once y siete minutos de la noche.



Paracelso, en su obra  Tria Prima, se refiere a tres sustancias en las que se basa toda la alquimia, el mercurio como espíritu, el azufre como alma y la sal como  cuerpo físico y que estas tres sustancias son aplicadas por unas fuerzas espirituales de las que se sirven los artífices o maestros de obra invisibles para crear en la naturaleza las condiciones materiales y pasajeras de las cosas.
 El fenómeno sociológico conocido como  palingenesia o renacimiento, supuso que en el medioevo se consideró que si un cuerpo pierde su condición de material, su esencia permanece en la luz y puede manifestarse otra vez en la materia cuando lo desee.  La alquimia, pues, persigue una finalidad palingenésica repitiendo las mismas operaciones hasta obtener la esencia o alma de las cosas que permanecen en la luz y volver a manifestarlas de acuerdo a la intención o interés del alquimista.
La historia que conocemos no nos dice toda la verdad, permaneciendo oculta a la opinión pública una parte de la verdad, así pues, una parte de esa verdad es el intento fallido de obtener oro y un remedio curativo universal, objetivos impulsados por un ánimo lucrativo y de adquirir alta consideración social,  pero la otra parte de la verdad pudiera estar oculta debido a que no persigue su lucro ni la fama social así como que reivindica que su oro no es el oro mineral ni el elixir que cura las enfermedades, sino esa perfección material que es el fiel reflejo de la pureza espiritual, por lo que podría resultar limitado negar que todos los alquimistas antiguos obtuviesen el oro y un remedio curativo, aunque si podemos afirmar que no disponían del mismo equipo que creemos imprescindible hoy en día, pues la ciencia actual logra la transmutación mediante la aplicación de medios tecnológicos físicos y objetivos que, aparentemente,  nada tienen de subjetivos debido a que se ha perdido en gran medida la relación consciente del hombre con los seres que habitan en regiones espirituales.
Lesing asegura que  “la búsqueda de la verdad es más preciosa que su posesión”.
Sirva como ejemplo el experimento que se realiza en un acelerador lineal  en el que se logra la fusión del núcleo de un átomo de cinc cuyo número atómico es 50 y otro de cobre con número atómico 29, sometiéndolos a una velocidad equivalente a la décima parte de la que se mueve  la luz visible, dando como resultado el átomo de oro con sus 79 protones,  obtenidos por la suma de los 50 protones del cinc y de los 29 del cobre.  Este proceso está muy lejos de ser rentable debido a la enorme energía que hace falta comparada con la insignificante cantidad de oro que se obtendría.
Los griegos pasaron mucho tiempo intentando obtener oro mediante la fundición del azufre con el mercurio, prescindiendo de la piedra filosofal como catalizador, ya que no lograban obtenerla por más que lo intentaron.
El empecinamiento por la obtención de oro, provocó que Basilio Valentín en 1.609  narrase un diálogo entre dos personajes, Alberto y Espíritu, en el que Alberto le pide a Espíritu que le revele el secreto de la alquimia para encontrar el oro más fino del mundo, a lo que le contesta Espíritu:
Todos los hombres lo tienen ante sus ojos y no lo conocen, con tan solo dos onzas puedes comprar la corona del mayor monarca del mundo y quedarte con la vuelta”.
Resulta curioso observar que el antiguo alquimista consideraba siete elementos:  oro, plata, cobre, hierro, estaño, plomo y mercurio, y entre todos ellos escogieron los dos últimos, el plomo y el mercurio, cuyos números atómicos son semejantes al del oro, pues el plomo tiene el 82, el mercurio el 80 y el oro el 79.
Conclusión:  si al átomo de plomo se le restan 3 electrones y al del mercurio 1, el resultado es  oro puro, además,  G. Range en su obra “La piedra filosofal”, efectúa un cálculo sobre la cantidad de energía necesaria para que el plomo trasmute a oro así como la que se desprendería en el proceso, concluyendo que ambas reacciones pueden ser simultáneas y compensarse la una con la otra.
 Si en teoría  es posible que la energía absorbida se compense por la emitida en el proceso de transmutación del plomo al oro, …   ¿sabrían esto aquellos alquimistas que de alguna manera pudieron controlar estas energías?,  o  ¿quizás ejercían este control por el poder de invocar a las fuerzas espirituales o maestros de obra invisibles?.
Mientras la “aparición” de un electrón cuando se ha aislado un protón en el laboratorio continúe siendo un hecho aleatorio, debido al azar y sin posibilidad de control por parte del científico, es que en la formación de un átomo interviene otra voluntad que no es la humana, por lo que mientras no sepamos más sobre la realidad de la alquimia, resulta ignorante el afirmar o negar con rotundidad alguno de sus extremos, ya que solo conocemos una parte de toda la verdad.
Todos estos conocimientos sobre los elementos de la naturaleza podemos decir que son recientes, y que no hace mucho tiempo se argumentaban respuestas que hoy en día las consideraríamos absurdas, por ejemplo:
--En 1.661 Robert Boyle continuaba creyendo que el oro no era un elemento, sino que se formaba por la combinación de otros metales.
--Por la misma época, Isaac Newton compartía las ideas de Boyle,  dándole mayor credibilidad.
--Lavoisier descompuso el aire en oxígeno y nitrógeno, toda una novedad porque se consideraba que el aire era un elemento irreductible.

9.-Curiosas manifestaciones de simbología alquímica:  Caperucita y Blancanieves.
En los cuentos de Caperucita y Blancanieves se dan circunstancias comunes que sirven de base para que algunos investigadores ofrezcan una interpretación respecto de la alquimia, como el sueño en el que caen ambas, una por la manzana envenenada y la otra por pincharse, representando a la fase en la que materia ha de liberarse de sus impurezas y quedar en espera de que el príncipe, caballero o “cabalista” acceda al palacio de la sabiduría a través de un espeso e intrincado bosque de creencias y leyendas.
 El príncipe es el símbolo del azufre y la protagonista, Blancanieves o Caperucita, simboliza al mercurio que ha de permanecer encerrado en la urna o redoma hasta que se encuentre con el azufre para combinarse habiéndose purificado ambos, una en la redoma adquiere la necesaria pureza material y el otro a través del bosque se espiritualiza con la lucha y la experiencia, para que al llegar el momento de la unión o coito, en el casamiento, nazca el oro filosofal y culmine la obra.
El deseo de la Reina es tener una hija de negros cabellos, piel blanca y rojos labios, precisamente los tres colores básicos de la obra, el negro, el blanco y el rojo,  colores que pueden observarse en muchas catedrales, como en el piso de la de Segovia.
El hada mala simboliza la ignorancia, de ahí que se contrapone al conocimiento o gnosis, conocimiento que en el siglo XVII establece dos marcadas diferencias, por una parte el teosófico como el Rosacruz y por otra el de laboratorio o experimental como el de Andreas Libavius.  Ambos movimientos pretenden adjudicarse la figura de Paracelso ya que había sido capaz de reunir en una misma filosofía al misticismo y a las leyes de la naturaleza.
En ambos cuentos se esconde a la princesa detrás de la humildad, la pobreza y el trabajo, que se convertirá en nobleza, admiración y será servida, ideas gnósticas que enraízan en Boheme y Paracelso ofreciendo la imagen de una materia embrutecida de la que surgirá la naturaleza divina, el oro filosofal.
Se produce el hecho de que cuando el príncipe rescata a la princesa todo renace y reverdece, es primavera y aparece la vida y la luz, es el momento en el que se recoge el rocío y comienza el trabajo de la alquimia.
Otro tipo de cuentos han pretendido narrar alegorías sobre la alquimia de diversas maneras, unos lo han hecho para dejar constancia de que el mundo árabe y las órdenes mendicantes han contribuido decisivamente en las traducciones al latín como el de Ramón Llull,  el “Llibre sisé” del  “LLibre de meravelles” y en otros se intenta reflejar la práctica del fraude bajo la misma trama:  un falso alquimista intenta engañar a alguien crédulo y con avaricia además de ignorante y resulta curioso observar la gran cantidad de adjetivos calificativos que se emplean para la labor y la persona del timador que no respeta edad ni condición, tanto utiliza sus trucos en vasallos como en reyes e incluso con el clero, apareciendo personajes como el sacerdote siendo la víctima y el canónigo el timador.

Raimundo Llull






En todos los cuentos se hace saber al lector aquello que no conoce la víctima y es el truco que se utiliza para hacer creer que lo que se obtiene es oro.
En el cuento de Llull, el timador escapa con todo el oro que el rey había logrado reunir, en otros cuentos se narra la gran cantidad de dinero a pagar para comprar el producto imprescindible que permite la fabricación del oro y en otros el timador convence a su víctima para que compre la fórmula o receta que le permitirá fabricar todo el oro que quiera.
En estas narraciones se mantiene la atención del lector haciéndole partícipe de los preparativos del timo y que no conoce la víctima, hasta los criados del señor participan en el engaño a cambio de una recompensa, siendo muy común el hecho de pedir monedas de oro para limarlas un poco y obtener polvo, devolviéndolas a continuación a sus dueños, se mezcla el polvo con el carbón y cuando se funde aparece un baño dorado que le permite al bribón de turno argumentar que todo aquello es oro macizo obtenido de la nada.
Las catedrales góticas y más concretamente las del período flamígero, simbolizan los procesos de la alquimia en su construcción, formas, relieves y esculturas, pues, según Fulcanelli, los doce bajorrelieves de la de Notre Dame en París son el mejor conjunto alquímico y Víctor Hugo afirma que constituye un verdadero libro mudo de alquimia tallado en piedra.
La simbología de la alquimia se encuentra también en los grabados de las cartas de naipes, en edificaciones románicas, en las esculturas del Parque del Retiro en Madrid, en el libro Génesis de Moisés, en la celebración de la misa cristiana, en el juego de la Oca, ya que la oca es el ave de Hermes, juego por el que se van pasando sucesivamente las fases de la alquimia y en otras muchas manifestaciones.
Alberto Durero tiene varios grabados en los que su personaje, Melancolía, representa a la alquimia, pues viene del griego melagcolia, melag-gaios significa tierra negra, y en árabe, tierra negra es  al-kimiya, estando representada por Durero con un compás y una escuadra, símbolos del laborioso hacer del alquimista y del masón.
Asimismo, en lengua celtí  “Arturo” significa piedra y el Rey Arturo es el símbolo de la lapis o piedra filosofal.
En las celebraciones cristianas también se ha introducido simbología alquímica aunque la hayan perseguido hasta la muerte,  pues se encuentra repartida en actos como en la Pascua, Navidad o el miércoles de ceniza, miércoles es mercurio, día en el que el sacerdote esparce la ceniza de la palmera o foinix en griego, palabra que también significa el color púrpura, así como el ave Fénix que renace de sus propias cenizas, es el espíritu de la luz que surge a través de las tinieblas materiales.  
10.-Variantes de la alquimia:   espagiria,  yatroquímica  y  arquimia.
Tanto en Egipto, como en los países asiáticos o en el Islam y más tarde en Europa, la alquimia utiliza minerales, vegetales y materias orgánicas para la consecución de sus objetivos, lo que propicia la elaboración de brebajes, esencias, bálsamos, tintes y técnicas de manipulación de elementos minerales o vegetales.
Las prácticas que utilizan elementos vegetales se han ido especializando, así como las que lo hacen con los minerales, marcándose cada vez con mayor carácter una y otra, así surgen la espagiria como especialidad que utiliza los vegetales y la yatroquímica los minerales, utilizando métodos como la cocción hasta calcinar, maceración, destilación, mezclas y combinaciones, triturados y fermentaciones.
Hay autores que opinan que la diferencia básica entre espagiria, yatroquímica y alquimia reside en el objetivo, mientras que las dos primeras pretenden la sanación, la alquimia pretende la transmutación.
La arquimia  viene a ser una variante fonética de la alquimia, según Fulcanelli, y no constituye en sí misma un conjunto diferenciado de métodos aunque sí que pudiera diferenciarse respecto de un elemento que caracteriza a la alquimia:  el fuego.
Según Giovanni Agostino Pantheo, sacerdote en Venecia en el siglo XVI y según consta en la segunda publicación de su obra “Ars transmutationis metallicae”, el nombre de alquimia se debe a su autor, Alchemo, y constituye un fraude porque fabrica oro y plata falsos, mientras que la arquimia  proviene del griego arché o principio y mía o uno, constituyendo el “principio de la unidad universal”  que incluye a todos los eruditos y sabios preocupados por la ciencia y capaces de fabricar oro y plata en cantidades infinitas así como elixires que propician la inmortalidad, considerándola como “noble ciencia” aunque revela su escepticismo cuando afirma :”las promesas de la arquimia son mayores que sus realizaciones”.
Los métodos espagíricos se han utilizado con mayor constancia que los yatroquímicos y fueron la base para la medicina de Galeno mientras que la utilización de los minerales ha tenido históricamente altibajos, pues en China se utilizaban entre otros, el arsénico y el mercurio  como medicinas, según consta en el tratado de Ko Hung del año 283,  y debido a la cantidad de muertes que provocaron acabó casi desapareciendo.
Cuando la alquimia penetró en Europa se produjo un resurgir de la yatroquímica, tal como lo demuestra la publicación del libro Alchemia  en el siglo XVI,  como recetario de remedios basados en la utilización del reino mineral y que se considera como el primer libro de la química actual.
En el siglo XV vivió un monje benedictino, Basilio Valentín, en San Pedro de Erfurt (Silesia) cuya labor en su convento era la de cuidar de los cerdos, y observó que aquellos que comían de cuencos fabricados con antimonio engordaban más que los otros, detalle que comunicó a sus superiores y comenzaron a servir las comidas de los monjes en recipientes con antimonio.  Al poco tiempo todos enfermaron y algunos murieron. 
La leyenda cuenta que a partir de este momento se le llamó antimoine al antimonio, pero moine es monje en francés y Basilio era alemán y escribía en alemán, y en esta lengua monje es Mönch, luego parece que no tenga lógica tal pretendida correspondencia con el habla francesa.
Johann Grasshoff cita a Basilio Valentín como el seudónimo de un autor seguidor de Paracelso entre finales del siglo XVI y principios del XVII y al que  se le atribuye el libro “Las doce llaves” en el que expone las ventajas del uso del antimonio en humanos aunque previene de su uso, así como el médico espagirista Suchten.
En las minas se trabaja normalmente a varios metros de profundidad, allí el aire se empobrece en oxígeno y se mezcla con gases procedentes de los minerales, gases que existen en mayor cantidad por el calor, la humedad y la falta de ventilación por lo que los mineros padecían enfermedades pulmonares entre otras y vivían en la creencia de que eran un castigo impuesto por los espíritus de las montañas.
 Fue en 1.530 cuando Paracelso describió la silicosis como resultado de haber inhalado durante largos períodos los vapores del interior de las minas y no como una maldición de los espíritus.
Gracias a la yatroquímica, los egipcios trabajaban con el mortero de cal 5.000 años  adC y con el vidrio 1.500 años adC.
En el siglo XVII se prohibió el uso del antimonio y de las prácticas yatroquímicas mediante un edicto publicado por la Facultad de Ciencias de París pero sucedió un hecho que cambió esta decisión, pues el rey Luís XIV estaba enfermo de tifus y curó mientras residía en Calais ingiriendo un compuesto del antimonio, por lo que se anuló el anterior edicto y se restableció su uso.
En el año 1.805, Francisco Carbonell y Bravo, médico catalán, intentó demostrar los peligros de la yatroquímica al ser utilizada en los seres humanos, por lo que la Inquisición tomó estas afirmaciones como fundamento para perseguir y eliminar a los yatroquímicos que no renunciasen a sus prácticas cambiándolas por remedios galénicos o espagíricos.
Hoy en día la yatroquímica tiene importantes aplicaciones, pues gracias a las sales del litio pueden tratarse enfermedades en psiquiatría como las afecciones maníaco-depresivas por sus efectos como antidepresivo, el bario en su forma de sulfato se utiliza en las tomografías computarizadas para la región abdominal, diversos compuestos del yodo sirven como contrastes en las gammagrafías renales, la crisoterapia es la aplicación del oro en medicina y algunos elementos que son muy similares al oro llamados tiolatos se emplean como antiinflamatorios y desde los tiempos de Hipócrates se utiliza la plata por su efecto germicida así como en aplicaciones superficiales para cauterizar heridas o practicar la moxibustión.
Vemos pues que la utilización de minerales y metales se continúa practicando en nuestros días, la diferencia respecto de nuestros antepasados es que aquellos no disponían de los medios técnicos actuales y se basaban en suposiciones fundadas en falsas premisas,  la mayoría de las veces arraigando como supersticiones, pero gracias a sus errores disponemos hoy de unos aciertos que nos permiten vivir en mejores condiciones.
Así pues, el conjunto de métodos desarrollados por la alquimia y de los productos que ha ido obteniendo, ha permitido las especializaciones que actualmente conocemos como farmacia y química, especializaciones que se fundamentan en hechos comprobados y comprobables, mientras que la alquimia permanece en su reducto secreto, incomprensible y expresada mediante términos filosóficos y metafísicos que limitan su evolución y progreso, pues conserva aquel hálito grave, húmedo y lóbrego, formando un carácter testarudo y pertinaz que dedica exclusivamente su vida, su tiempo y su dinero a descifrar sin conexión con la realidad unos enigmas que pretenden formar parte de una nobleza científica ficticia bajo el imperturbable e inamovible emblema del ternario hermético “sal, sulphur y mercurius” … y, sin embargo, ha contribuido decisivamente para que dispongamos de las actuales medicina y tecnología en tratamiento y obtención de materiales diversos.
 La alquimia se ha rodeado de dependencias que han llegado a constituir supersticiones como determinada estación, elegir entre la mañana, la tarde o la noche, la fase lunar, determinado efecto de carácter divino que se espera recibir a través de la luz solar y que condiciona decisivamente todo el proceso, …, mientras que la química, la farmacia y la tecnología actuales se desarrollan en el laboratorio porque han conseguido separarse de aquellas limitativas dependencias y creencias, lo que nos lleva a la afirmación de que se ha avanzado en el control de los procesos naturales para crear mayor bienestar en la humanidad, bienestar que se relaciona directa y proporcionalmente con la virtud del noble proceder e inversamente respecto de lo innoble.
Si podemos admitir que la actual humanidad, y considerada como un conjunto,  tiene mayores dosis de nobleza que antaño y ello ha podido estructurar una sociedad más altruista debido a que sabemos más de los otros a través de los medios de comunicación, en este proceso ha tenido mucho que ver necesariamente la alquimia, y el proceso podrá ralentizarse pero nunca se para…, luego la afirmación de Aristóteles respecto de que se irá desvaneciendo el mundo material para dar lugar al inmaterial, el sueño de Platón para hacer realidad su ideal y la meta del alquimista para purificar la materia y hacerla digna del espíritu, parece que no están tan lejos de ser reales ya que  constituyen el procedimiento mediante el que se ennoblece todo lo creado, y este procedimiento lo ha proporcionado la alquimia exenta de la intención especulativa.






11.-Sobre trucos,  engaños y leyendas
--Pedro Rojas y José Rodríguez, en la revista Azogue núm. 4, exponen la transcripción de un texto contenido en el manuscrito núm. 2058 tomo 5 del siglo XVI depositado en la Biblioteca Nacional de Madrid titulado “Toque de alquimia” de autor Richard Stanihurst , en el que se aconseja al monarca Felipe II para que descubra la falsedad en el alquimista y en su práctica, presentándole algunos de los engaños,  pues el rey estaba muy interesado en la alquimia debido a su situación financiera y ante la posibilidad de conseguir todo el oro que deseara para cubrir sus deudas, así como de elaborar medicamentos para curar todas las enfermedades, hecho que propició la entrada en España de ideas paracelsistas cuando la Contrarreforma había cerrado toda influencia venida de países protestantes. 
Pero en España la alquimia estaba penada por la iglesia católica lo que contradecía a los intereses de Felipe II, de marcado carácter católico, hecho que se solucionó adornando al practicante de la alquimia con las condiciones del buen católico, de esta manera la iglesia permitiría su práctica de la que podría beneficiarse el monarca.
    --En uno de estos engaños se presenta el falso alquimista con un crisol de dos suelos, el primero muy delgado y frágil con una diminuta perforación que le comunica con el segundo.  Antes de realizar la operación ha introducido limaduras de oro a través del pequeño agujero para que se depositen entre los dos suelos y lo ha tapado con cera.  Al encender el fuego la cera se derrite, al mover las brasas con una barra metálica se rompe el primer suelo pasando todo el calor al segundo suelo, el fuego reducirá a cenizas el azogue o mercurio y la “medicina” y fundirá el oro que quedará como una fina capa en el fondo del crisol, haciendo creer a todos los presentes que el mercurio se ha convertido en oro.
--Otros utilizan una barra de hierro hueca para remover el fuego en la que han introducido limaduras de oro y han tapado el orificio con cera, de esa manera el fuego derretirá la cera y las limaduras caerán al fondo del crisol formándose una delgada capa de oro que producirá el mismo efecto anterior, o bien han introducido las limaduras de oro en los pedazos de carbón o en la leña, engaño que le costó la vida a  quien pretendió embaucar al duque de Baviera haciéndole creer que se había obtenido oro y cuando el duque descubrió que se le había engañado mandó cortarle la cabeza allí mismo.
--En el Archivo General del Palacio Real de Madrid, el legajo 429 de su sección Administrativa, relata las actividades desarrolladas en la corte española de Carlos II “El Hechizado”  y llevadas a cabo por Roque García de la Torre que afirmaba ser alquimista, natural de Alcira, provincia de Valencia.
Roque se había enterado de la precaria salud del monarca y que empeoró en los diez últimos años de su vida, de tal suerte que los médicos de la realeza eran incapaces de curarle, lo que propició la llegada a la corte de todo tipo de personajes que prometían  sanar al rey mediante conjuros, prácticas de magia e invocaciones, de ahí que se le apodara “el hechizado”.
  En 1.698 se presenta en Madrid afirmando que proviene de Nápoles y entra en contacto con  los cortesanos que se movían en el entorno cercano al rey, hasta que consigue hacer llegar al conde de Benavente, sumiller de Carlos II, el informe explicativo de las maravillas de un elixir capaz de “alargar la vida del hombre hasta el término por Dios descripto”.
Lo cierto es que Roque supo mantener en secreto sus operaciones y la atención de quien vigilaba sus consecuciones, que era Juan de Bayle, encargado del Real Laboratorio cuya misión fue la de elaborar medicinas.  Se acondicionó una casa en la calle de Leganitos construyéndose un horno o atanor según las instrucciones del propio Roque y procediendo a la compra de todos los materiales necesarios para comenzar la elaboración, beneficiándose de “todo regalo de mesa, de bolsillo y de vestir”, tomó varios criados a su servicio, pagó todas sus deudas, acaudaló dinero y se le adelantaron buenas sumas para la obra.
Se cree que simuló una enfermedad que le imposibilitaría para seguir con la obra, el hecho cierto es que se quedó con todo lo cobrado sin devolver nada y abandonó la tarea un año después de haberla iniciado.  Juan de Bayle y el médico real Juan de Cabriada, se comprometieron ante el rey para finalizar la inesperadamente inacabada obra de Roque y aunque obtuvieron un elixir no debió resultar efectivo, pues Carlos II moría pocos meses después.
--Una leyenda sobre Raimundo Llull afirma que en el Alcázar de Londres y bajo la orden directa del rey, realizó la transmutación obteniendo suficiente oro como para acuñar monedas, a las que denominaron “noble de Raimundo”.  Esto lo cuenta un médico de Caen en la normandía francesa, pero doscientos años después de haber muerto Llull  y sin que ningún registro en Gran Bretaña diera fe del asunto.   Leyenda de poca credibilidad por lo tanto.
La obra de Llull tiene connotaciones y condicionamientos cristianos llenos de argumentos en contra de las religiones que le hacían competencia, principalmente el judaísmo y el Islam y no creía en la transmutación de la alquimia porque afirmaba que un metal o elemento no podía transmutar a otro, como lo refiere en su obra  “Ars generalis et ultima” en la que dice que todos los elementos poseen unas condiciones para que existan tal y como son, por lo tanto no puede un elemento transmutar a otro y  “de ello se duele el alquimista y tiene razón en lamentarse”.
--Se dice que Arnaldo de Vilanova fabricó mediante la transmutación alquímica unas varillas de oro en Roma ofreciéndolas al papado para su examen, sin embargo ni la iglesia ni ninguna otra autoridad romana le pidió que fabricase para ellos y no se tiene constancia oficial de este hecho que registran de esta manera los jurisconsultos, basándose seguramente en comentarios y habladurías populares.
--Respecto de Bernardo el Trevisano, hay que decir que en su obra “Secretísimo Philosophorum opere chemico” afirma poseer la piedra filosofal que ha obtenido de la lectura de obras como “Crónicas de Salomón”, “La senda de los errantes” de Platón o “El libro de Aristeo” de quien se afirma ser el mejor alquimista del mundo después de Hermes, gobernando todos los reinos y territorios durante 16 años, pero todas estas obras son supuestas y en sus escritos da muestras de ser vanidoso, presuntuoso y mentiroso.
--De Alfonso el Sabio se dice que hizo crecer en repetidas ocasiones su caudal económico fabricando oro alquímico, sin embargo perdió su reino por falta de recursos monetarios de los que siempre andaba apurado y los buscaba con afán, datos recogidos por el padre Mariana en el cap. 5º de su obra “Historia” donde dice:
“Nada le aquejaba tanto como la falta de dinero, para lo que hizo acuñar moneda nueva de cobre y plata de más baja ley y de menor peso reteniendo el mismo valor, cosa que acabó por irritar a sus vasallos que se le rebelaron.”
--El Duque de Florencia posee una barra mitad hierro mitad oro, de la que se afirma que su parte de oro es el resultado de la transmutación alquímica.  Pero el análisis y estudio de la barra, realizado por la Academia Real de las Ciencias en Italia, revela que la parte de oro fue añadida con posterioridad y se describe el método mediante el que se realizó dicho análisis y la añadidura,  según consta en las “Memorias” de dicha Academia.
--Bernardo Peroto fue un químico que murió con casi cien años de edad habiendo dedicado toda su vida a la búsqueda de la piedra filosofal y en el lecho de muerte le pidieron que revelase el secreto de la alquimia a lo que respondió:
“No tengo otro secreto que no sea éste: si tuviereis enemigo poderoso a quien deseéis destruir,  inspiradle el ansia de adquirir la piedra filosofal,  porque es el mayor mal que le podréis hacer”.


12.-Cuatro breves reseñas biográficas vistas desde la alquimia

Sobre Nicolás Flamel
Nace en Poutoise, Francia,  alrededor del año 1.330, tomando como su primer oficio el de copista en una modesta estructura de madera enfrente de la catedral de Snt. Jacques la Boucherie.  Se casó con Mdme. Perenelle con la que se dice que compartió sus secretos y que formaban una excelente y conjuntada pareja espiritual. 
Estas afirmaciones contrastan con otras en las que se dan detalles de que la boda fue de conveniencia, ya que Flamel perseguía los bienes de Perenelle procedentes de sus dos anteriores matrimonios y que la dejaban en buena situación económica, tal como se desprende de los numerosos documentos notariales y de la declaración del confesor de Perenelle, que la indujo cuatro días antes de morir a testar a favor de Flamel, pues su esposa le tenía desheredado hasta esa fecha. 

Nicolás Flamel



El mismo Flamel cuenta que tuvo un sueño en el que un ángel le mostraba un libro que más tarde le propusieron comprar en una librería, atribuido a Abraham el Judío, lleno de símbolos y escritos enigmáticos, por lo que se desplazó a Santiago de Compostela para que un judío especialista en simbología hermética se lo descifrase, después marchó a París y se estableció como notario, atesorando desde entonces grandes sumas de dinero por sus habilidades financieras, pues el Diccionario de Moreri y por la directa afirmación de La Croix Doumaine, contiene el dato de que llegó a poseer más de 500.000 escudos de oro, una desorbitante fortuna en aquél entonces que era difícil de esconder, fortuna que se cree obtenida mediante robos, extorsiones, acuerdos legalizados por su condición de notario y lucrativos negocios de cereales con los judíos en el sur de Francia y norte de España,  así pues, recurre a la alquimia como tapadera afirmando que es capaz de fabricar oro,  porque posee  la piedra filosofal.
Una leyenda dice que el matrimonio marchó a la India y que nunca han muerto, pues un renombrado escritor como lo es E. Holmyard, afirma que han sido vistos en el Teatro de la Ópera de París en 1.761, pero … ¿quién pudo reconocerlos casi 400 años más tarde?. 

Sobre el Conde de Saint Germain
Su vida transcurre en las cortes francesas de Luís XV y Luís XVI sin que se tenga constancia fiable de su origen y cuando se habla de él se le trata como un auténtico enigma, pues, en este orden de cosas, Federico II de Prusia siempre decía que era un hombre a quien nadie había podido comprender nunca.
Se le ha biografiado muchas veces y en todos los intentos parece que exista una especie de competencia entre sus biógrafos para ver quien afirma con mayor descabello y extravagancia, creando a su alrededor un misterioso hálito como resultado de la ignorancia sobre la verdad, pues se le atribuyen distintos nombres patronímicos y a pesar de esta incertidumbre, nadie ha expresado una sola duda sobre su derecho legítimo al título del condado de San Germano, en la parte tirolesa italiana, ya que pagó el territorio y el título al papado.
Numerosos testigos afirmaron su capacidad para leer un texto con tan solo un rápido vistazo y repetirlo días después sin omitir una sola palabra, o la de “leer” cartas selladas y cerradas sin que hubiesen llegado a sus manos todavía.
 Hizo instalar dos laboratorios de alquimia, uno en Versailles y el otro en Trianon.  Según la marquesa de Pompadour, era de mediana estatura, con porte elegante, buen e incansable conversador, siempre estaba dispuesta su tabaquera, sus manos adornadas con diamantes y el reloj a la justa hora.  Se afirma que nunca se le ha visto comer ni beber, nunca compartió pan con nadie y jamás aceptó ni un vaso de agua, hablaba todas las lenguas, siendo versado en música y artes herméticas, dominaba todos los instrumentos musicales especialmente el violín, pues se decía en la época que “rivalizaba con el mismo Paganini”, de apariencia siempre igual porque no se le apreciaba  envejecimiento, pues los más ancianos afirmaban que siempre tenía el mismo aspecto, ni más joven ni más viejo y era capaz de relatar detalles  de sucesos antiguos que todos interpretaban como que había estado presente en el hecho.
Era capaz de permanecer en profundo éxtasis unas cuarenta horas ininterrumpidas y sin despertar, no se le conocen medios de ingresar dinero, sin embargo era prolijo en oro, diamantes, tiempo y sabiduría. Afirmaba de sí mismo que aprendió el arte de la alquimia de los brahmanes indios que le transmitieron el secreto de la cristalización artificial del carbono puro para fabricar diamantes.
Dominaba por entero su cuerpo y reacciones y solía ejecutar dos tareas al mismo tiempo, por ejemplo escribir un documento oficial en una mano y redactar una poesía en la otra.
En una ocasión declaró que había nacido en Caldea, que conocía todos los secretos sobre la magia egipcia  y que tenía tan solo quinientos años.
Se le dio por muerto oficialmente en febrero de 1.784, aunque en el acta de la Convención Masónica del año siguiente se certifica su asistencia personal y sus consideraciones públicas hacia la convención, asimismo, la confidente de Maria Antonieta, Mdme. Adhémar, cuenta en sus memorias que recibió varias cartas del Conde previniendo a los reyes de Francia del advenimiento de la revolución francesa y todo ello se cumplió.
Tuvo una estrecha vinculación con el movimiento Rosacruz y se afirma que encarnó en la persona de Christian Rosenkreutz, su fundador.
Se dice que en su tumba no había cuerpo ni restos algunos, pero este hecho no se ha contrastado debidamente por lo que puede desatar la  imaginación de los más atrevidos.     
 La mayoría de sus biógrafos coinciden en informar que murió siendo anciano y de los achaques debidos a una avanzada edad, sin embargo, los datos referenciales que se ofrecen no son constatables y tienen mucho de especulativos. 

Sobre Fulcanelli
Se le considera como el maestro de la alquimia del siglo XX.
En 1.922, afirma su fiel discípulo Canseliet que consigue la primera transmutación en oro cuando ha cumplido 45 años, aplicándose a sí mismo el elixir y  “conservando su cuerpo en esta edad mediana sin envejecer”.
Ediciones Dervi de París, ha publicado un libro de Genivière Dubois titulado “Fulcanelli devoilè”, en el que nos  relata una fascinante historia repleta de datos feraces y comprobados. 
En 1.877 nace Jean–Julien Champagne, y siendo adolescente consigue el permiso de su madre para instalar un laboratorio de alquimia en la casa familiar situada en Villiers le Bel, frecuenta las bibliotecas de París y recorre las librerías buscando textos que le hablasen de alquimia, hasta que encuentra una en la calle Rennes de París,  en el número 76, a la que acudían personas respetadas por su erudición y conocimientos herméticos y cabalistas, librería regentada por Pierre Dujols, experto en griego y defensor de la terminología científica por encima de la hermética, que en esa época utilizaba el seudónimo de Magophon o “voz de mago”.
Por mediación de Dujols,  Jean-Julien encuentra trabajo en la librería de los hermanos Charconac, evaluando y clasificando libros y manuscritos, hasta que llega a sus manos uno del mismo Isaac Newton, de tan solo seis hojas, escrito en 1.830 y que trata del trabajo alquímico, por lo que decide ponerlo en práctica él mismo y en su laboratorio.
Jean-Julien se encuentra casualmente con René Schwaller de Lubicz, que llegó a ser un eminente egiptólogo, al que enseña las páginas de Newton y entre ambos forman un dúo en el que René intenta encontrar una explicación a lo que allí se expone y Jean-Julien de llevarlo a la práctica,  contratando a un joven como ayudante, Eugène Canseliet que entonces tenía 16 años, con muy buena caligrafía, por lo que se dedicó a copiar manuscritos en todas las bibliotecas.
En el año 1.922 y en la fábrica de gas en Sarcelles, fructificó todo el trabajo del equipo pero no se consumó la “gran obra”, sino una de sus fases, es decir que no se obtuvo la llamada “piedra filosofal” según certificó el químico Gaston Sauvage que estuvo presente.
Viene la guerra a París y Schwaller se marcha, pero le confía a Jean-Julien unos escritos que ha tardado años en elaborar y que versan sobre su tema preferido: las catedrales góticas y toda la simbología de la alquimia, con la promesa de que se los devolverá con prontitud, cosa que así cumplió advirtiendo a Schwaller que allí se desvelan grandes secretos y sobre el peligro de hacerlos públicos, y resultado de estos escritos es que Jean-Julien pasa unos años construyendo la imagen del adepto y apoyado por el resto del grupo, al que se adhirió también Julles Boucher.
Fruto de las investigaciones, escritos y trabajos de todos ellos nació Fulcanelli  y fundaron como grupo la Fraternidad de Heliópolis, la misteriosa F.H.C.   En 1.926 se publica “El misterio de las catedrales” bajo ese seudónimo con el asombro de Sachwaller que se encuentra en Suiza y reconoce los escritos que cedió por unos días a Jean-Julien unos cuatro años antes.
Asimismo, Pierre Dujols había reunido gran cantidad de escritos sobre alquimia y hermetismo que entregó a Jean-Julien y este encomienda a Canseliet que los recopile, siendo el resultado la publicación en 1.930 de “Las moradas filosofales” conteniendo 40 dibujos del mismo Jean-Julien.
En 1.932, Jean-Julien reside en París, en el número 59-bis de la calle Rochechouart, allí le visita Schwaller, se lo encuentra con gangrena en una pierna ya ennegrecida y Jean-Julien le entrega unos escritos fruto de su colaboración y en un intento de compensarle por haberse aprovechado de sus trabajos.
 Al día siguiente y con 55 años moría Jean-Julien Champagne, el 26 de agosto al amanecer y sin haber conseguido la piedra filosofal, objetivo de toda su vida.
Canseliet ha añadido notas y escritos confeccionados por él mismo a las obras de Fulcanelli, tal como confesó en una de las reediciones, siendo por esta razón que se observan relatos cuidados con delicado esmero mientras que otros son simples añadidos inconsistentes y a veces contradictorios, el hecho es que el grupo Fulcanelli nunca ha afirmado haber obtenido la piedra filosofal, pero si que lo ha hecho Canseliet,  aunque nunca pudo demostrarlo.  Ante esta afirmación, el gobierno francés le pidió que no fabricase mucho oro para no desestabilizar la economía debido a la desvalorización que produciría en su cotización, pero si Canseliet nunca pudo obtenerlo …
 Murió en 1.982 sin ofrecer mayores detalles.
Los conocimientos de Pierre Dujols y de René Schwaller sobre las antiguas culturas egipcia y helénica, fueron decisivos a la hora de elegir el nombre de Heliópolis o “ciudad del sol”, que junto a Tebas y Menfis fue una de las tres grandes ciudades de Egipto dedicada al culto de Ra, su nombre egipcio era Iunu que  significa “pilar”, destruida por los persas y de cuyos restos se construyó la actual El Cairo en la Edad Media.
 Tanto a Pierre como a René les fascinaba el culto egipcio al dios del Sol,  Atum-Ra, que en unión con  Shu   y Tefnut forman la tríada del principio de la creación vivificando con tres clases de energías a todo el Cosmos.  Estas tres energías producen todas las naturalezas mediante la organización de sus combinaciones, regidas por la dualidad formada por los dioses Geb    y  Nut.Por último, la tríada  superior y organizada por la dualidad intermedia se refleja en los cuatro puntos cardinales para completar la creación a través de las deidades  Osiris, Isis, Seth y Neftis, cuyo símbolo es la cruz egipcia o cuaternario inferior, quedando así completada la enéada egipcia que ha influido decisivamente en todas las ideologías posteriores de carácter esotérico.
  El pseudónimo “Fulcanelli” pretendía emular al legendario faraón egipcio que era el único ser con posibilidad de comunicarse con la enéada de los dioses a través de una deidad intermedia entre ellos y los hombres,   Horus, y este a su vez se comunica con Neftis quedando completado el ciclo, además, en los glifos de las pirámides aparece el dios Atum-Ra como “Señor de Heliópolis”, razones que sobradamente pueden justificar los nombres elegidos por este selecto grupo de eruditos e investigadores de principios del siglo XX.
 Graficando la enéada quedaría así:
              Atum-Ra --Shu—Tefnut=== Tríada superior
   Geb – Nut======== Dualidad organizativa
  Osiris--Isis--Seth—Neftis== Las cuatro naturalezas
   Horus============ Deidad humano-divina
            El faraón==Intermediario entre los hombres y las divinidades.

De ahí que la alquimia se considere como el resultado de la comunicación entre el faraón y la enéada de los dioses a través del intermediario Horus, y esta comunicación era exclusiva del propio faraón y de sus sacerdotes que debían mantenerla en absoluto secreto, exigencia que fue perdiéndose poco a poco a partir de la colonización helénica, por lo que aquella “capacidad” de contactar con los aspectos divinos quedó cercenada.


Sobre Paracelso
Nace en Einsiedeln, Cantón de Zurich en Suiza, con el nombre de Felipe-Bombast-Aurelio-Teofrasto de Hohenheim, en el año 1.493.
Se cuenta que con tres años de edad sufrió la emasculación por el mordisco de un cerdo y se le atribuye el intento de crear en el horno del alquimista un ser humano u homúnculo a partir de esperma.  Fue iniciado en la Orden Rosacruz, hay biógrafos que apuntan su tendencia a la bebida muriendo a los 48 años por encontrarse en medio de una pelea en una taberna de Salzburgo, creyéndose que la pelea fue un montaje para asesinarle, pues era persona de pocos amigos, huidizo y solitario, aborrecido por los eclesiásticos y sus partidarios que no dudaron en acusarle de haber efectuado un pacto con el diablo.
Impulsó la aplicación de remedios utilizando minerales y vegetales, la yatroquímica y la espagiria, y desarrolló la idea de que el hombre es el artesano de la vida debido a que en su interior reside el fuego interno del espíritu o “volcán de Archeus”.  Comparaba la imaginación a un imán, porque atrae a las cosas materiales para transmutarlas en su interior y las devuelve ennoblecidas,  siendo esta la labor de la alquimia.

Paracelso
 Ha escrito muchas obras que aún hoy son admiradas por cabalistas y ocultistas, efectuando afirmaciones que han resultado ser proféticas, con muy buenos conocimientos sobre filosofía, misticismo y alquimia.  La ciencia química le agradece el descubrimiento del gas nitrógeno y regentó una cátedra en la Universidad de Basilea.
 En sus obras describe técnicas para descifrar la naturaleza, tales como la geomancia, la hidromancia, la piromancia, incluso la necromancia o la berilística (arte de adivinación mediante una bola de cristal).  Hay que considerar que, debido a las enemistades que cosechó, se le han atribuido obras y escritos apócrifos para denigrarle.
Por boca de su discípulo Oporino, nos han llegado relatos asombrosos, como el hecho de que por la noche dejaba en casa a su maestro y a la mañana siguiente le mostraba unas monedas de oro o de plata que, según le decía, había fabricado utilizando el arte de la alquimia.
Elaboraba sus medicinas en base a los dos principios alquímicos, el mercurio y el azufre, a los que añadió la sal, y preconizaba que la alquimia no era arte de enriquecimiento sino fuente de salud, aunque algunos de sus remedios y medicinas podían resultar peligrosos, pues se inspiraban en especulaciones mágicas y creencias sobre los astros, como por ejemplo el uso de metales como medida terapéutica, pues administraba mercurio por vía oral para la curación de la sífilis, entrando frecuentemente en contradicción con las enseñanzas de Galeno, hasta que se publicó en el año 1.618 el libro  “Pharmacopea londinensis” incluyendo remedios paracelsianos y galénicos, con lo que ambas tendencias se reconciliaron temporalmente. 
En una de sus obras, el Paragranum, habla del elixir universal y lo describe así:
“es una esencia distribuida por igual en todas las partes del cuerpo,…, contiene los elementos de todas las influencias cósmicas y es la causa de la acción de las estrellas sobre el cuerpo invisible del hombre, es fuerza vital que radia en derredor del hombre como una esfera luminosa”.
Respecto del tiempo decía que:  “todo lo que era, es, y todo lo que es, será”
Paracelso rechazó parte del ocultismo que se había ido acumulando durante muchos años promoviendo la observación de la naturaleza y la realización de experimentos para aprender sobre el cuerpo humano y no se encontraba cómodo con las afirmaciones de Nicolás Flamel.  Su medicina la asentaba sobre un equilibrio entre el azufre, el mercurio y la sal, enfermando el hombre cuando no existía tal equilibrio.
Fue el precursor de las medicinas producidas por medios químicos y dio nombre al actual cinc  que en su época lo importaban desde Oriente obtenido en aquella época por el método de la “vía seca”:
1º.—se calcina el elemento natural o calamina.
2º.—con temperatura por encima de los 907º -ebullición del cinc- se limpia
       de impurezas por destilación.
La “vía húmeda” para obtener el cinc es más reciente y utiliza el ácido sulfúrico como elemento depurador.
Afirmaba que la Tierra es el lugar donde fue arrojado el diablo, es decir, el mismo infierno.  Mantenía las enseñanzas cabalísticas sobre la idea de que el primitivo Adán era un ser andrógino, de raza pura y etérea, pues su cuerpo atravesaba las cosas y podía parir a voluntad porque poseía el secreto de la piedra filosofal o “lapis”.
Murió pobre porque su carácter altruista le hacía compartir todo lo que tenía con los pobres.


13.-La alquimia en el futuro inmediato: células madre, nanotecnología e inteligencia artificial.
La diferencia entre la alquimia del pasado y la del futuro estriba en los métodos, pues los que ahora predominan son los científicos y no los alquímicos, ya que siendo métodos científicos sus resultados serán de tipo científico y no alquímico, tal y como afirman algunos, pero tendrán algo en común: la transmutación. 
Así pues, de alguna manera se podría continuar denominando “alquimia” a la transmutación del futuro inmediato.
Existen afirmaciones de científicos  que, al igual que las de los alquimistas sobre que habían conseguido la piedra filosofal, también dicen haber transmutado un elemento en otro, como por ejemplo la de Gleen T. Seaborg en 1.980 cuando afirmó haber transmutado plomo en oro pero en cantidades microscópicas y con enorme gasto de energía, o las de los científicos George Ohsawa y Michio Kushi, que en 1.964 decían haber transmutado sodio en potasio usando el arco eléctrico  y también carbono y oxígeno en hierro. 
Pero ninguna de estas “transmutaciones” ha podido repetirse por otros científicos, por lo que estas ideas se han desacreditado a sí mismas y han sido abandonadas.  Quizá como las afirmaciones de muchos alquimistas …
Un elemento real actualmente y que produce en efecto la transmutación, es el constituido por el entorno de las células madre o stem cell.
Se define a la célula madre como la célula progenitora, autorenovable y capaz de generar células diferenciadas.  Es decir, que un célula madre puede generar otra hepática, renal, nerviosa, ósea, …, o de cualquier otro tipo de tejido orgánico, capacidad que les confiere el calificativo de  pluripotenciales.  En los comienzos sobre el estudio de estas células, se creía que el poder regenerador lo poseían las provenientes de un embrión, pero ya se ha podido comprobar que las de una persona adulta tienen la misma capacidad regenerativa, por lo que en su utilización se podría cumplir el viejo sueño de todo alquimista respecto de la “panacea universal o elixir de la inmortalidad”, ya que cabe la posibilidad de regenerar cualquier parte del cuerpo y en cualquier edad.
Claro que todo ello en la actualidad se consigue solamente en los laboratorios, bien mediante cultivos  in vitro (tejidos aislados en laboratorio) o  in vivo (reparación de tejidos animales dañados), encontrándose esta práctica científica en sus albores, pero ya empieza a amanecer …
Nuestros ordenadores actuales difieren en mucho a los de hace 50 años, pues aquella enorme máquina llamada Enyac que dejaba con medias luces a todo New York mientras estaba  en funcionamiento afortunadamente ya es historia, y el ordenador actual siendo mucho más capaz y rápido, consume apenas nada de electricidad.
 Todo se ha empequeñecido y sin embargo es mucho más capaz y potente, hoy en día la electrónica intenta trabajar con micrómetros, siendo un micrómetro el milímetro dividido entre un millón de veces, este es el mundo de la microtecnología, y la del futuro tiende hacia el nanómetro, siendo el nanómetro un micrómetro dividido entre un millón, es decir, que la tendencia se produce con medidas equivalentes al billón de veces más pequeñas que el milímetro.
La pregunta que surge es:  ¿ cómo puede fabricarse algo tan pequeño?
La respuesta todavía es teórica, aunque no imposible, y se trata de fabricar un robot con una doble capacidad:
1ª.- la de fabricar una determinada maquinaria o componente de manera
      automática.
2ª.- la de fabricar a otro robot como él pero más pequeño.
Consecuencia: que se podría fabricar una maquinaria o un  componente todo lo pequeño que se quiera.
Bienvenidos al mundo de la nanotecnología en el que las medidas resultan inimaginablemente pequeñas, lo que desata fácilmente la imaginación de cualquiera, como Ray Kurzweil cuando dice que mediante la nanotecnología se puede prolongar la vida indefinidamente …, es decir, otra forma de células madre, ya que se podría reconstruir cualquier tejido  a partir de sus componentes atómicos y aquí es necesaria una consideración al respecto.
El átomo de hidrógeno se desintegra dando como resultado cuatro fotones, dos del protón y otros dos del electrón,  siendo este proceso perfectamente reversible, puede hacerse extensivo a todo tipo de átomos ya que estos se forman a partir de las sucesivas modificaciones en el número de protones o del de electrones que han sido añadidos a este átomo de hidrógeno. Así pues puede pensarse en un robot lo suficientemente diminuto como para manipular electrones, protones o fotones,  de esa manera podría “crear” cualquier tipo de átomo, y si la unión de átomos forma una célula, la unión de células una molécula, el conjunto de moléculas un tejido, los tejidos forman un órgano y el conjunto de órganos conforman un cuerpo, podría pensarse en la reconstrucción robotizada de cualquier parte del cuerpo, es decir la creación de vida a partir de sus elementos componentes o de la luz, los fotones.
Todo este proceso ha de tener forzosamente una directriz, un “cerebro” que rija todas las posibles operaciones, y entonces estaríamos hablando de la inteligencia artificial, la IA,  a la que se ha comparado con la alquimia a través de aquellos intentos de Geber o de Paracelso, entre otros, para crear vida humana a partir de las destilaciones de sangre, orina o esperma.

Geber




Según el neurocientífico J.  A.  Calle Guglieri, la IA no puede sustituir al cerebro humano según la tecnología de la que disponemos hoy en día, porque el cerebro está constituido por unos cien mil millones de neuronas por término medio y cada una de ellas puede efectuar más de cien mil contactos sinápticos con otras, si a este vasto sistema neuronal le añadimos los contactos con neuronas de otros sistemas y toda la densa red de microcircuitos a lo largo del cuerpo, aparece ante nosotros una inmensa e increíble red de puntos luminosos mucho más numerosos que la cantidad de estrellas existente en todo el universo conocido, y todo este maravilloso conjunto luminoso es el llamado “cuerpo etérico”.
El hombre dispone de mente y la mente  permite la dinámica de la auto-organización, siendo el cerebro la estructura biológica mediante la que esa dinámica organizativa se lleva a cabo.
La IA carece de mente pero tiene “cerebro”, ya que dispone de una estructura o programa informático insertado en un medio de almacenaje como un disco duro, para llevar a cabo la dinámica organizativa contenida en el programa, pero no puede salir de ahí, por lo que no puede crear, de esa manera, el hombre puede ejercer la alquimia,  pero la IA que entendemos hoy,  no, jamás.
La IA podrá tener una “mente” que se parecerá a la mente racional humana pero no puede tener las características de la mente intuitiva, y a propósito recordemos la afirmación de Einstein:
“ La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional su fiel sirviente. Nosotros hemos creado una sociedad que honra al sirviente y se ha olvidado del regalo.” 
Parece clara la diferencia entre la IA y el hombre, aunque tengan en común una relación dada por una “mente” y un “cerebro”, la IA carece de una facultad que es prerrogativa humana: el autodescubrimiento, es decir, que el ser humano tiene la capacidad de inventar, así, uno de los investigadores de Xerox en Palo Alto, California, afirmó que:
“La mejor manera de predecir el futuro es inventarlo”
Y ello no puede hacerlo la IA porque no puede ni observar ni tomar decisiones fuera de las que se le hayan programado, por muy numerosas que estas sean.   Entendiéndolo así, la IA pudo comenzar 450 años adC, cuando Platón narra un diálogo entre Sócrates y Eutidemo:
“Desearía saber cuál es la característica de la piedad que hace que una acción pueda considerarse como pía … y así la observe y me sirva de norma para poder juzgar tus acciones y las de los otros”
En esta constante observación para la acción, podría consistir el secreto de la transmutación y, por lo tanto, del sentido más profundo y filosófico de la alquimia, el que observa un resultado y decide una acción para mejorarlo y dotarle de mayor nobleza que el anterior.
En 1.959, Richard Feynman pronunció una de las conferencias más influyentes en toda la historia de la ciencia Física al referirse a este mundo subatómico, y es que la nanotecnología tiene el poder de cambiarlo todo, absolutamente todo, luego constituye la panacea de la transmutación, el sueño eterno de la alquimia, tanto que se están haciendo experimentos con pedacitos de ADN para los procesadores de nuestros ordenadores o motores del tamaño de un virus, tal es el experimento que están llevando a cabo un grupo de investigadores en la Universidad de Cornell, combinando elementos biológicos y mecánicos, de manera que una de estas máquinas pudiera estar trabajando en el interior de una célula humana, no solo regenerándola sino también vitalizándola generando la idónea electricidad necesaria para configurar esos fotones que inician todo el proceso de la “creación”.
Para que todo este proceso se lleve a cabo, han de intervenir necesariamente especialistas en todos los campos, tanto biólogos como físicos, ingenieros y autoridades en cualesquiera otras disciplinas, por lo que se precisa el desarrollo de la capacidad del diálogo y del intercambio entre especialidades cuyos resultados trascienden por completo los niveles alcanzados de manera individual por cada materia. 
Esta exigencia y la actual condición humana  seguramente retrasarán el proceso, pero nunca podrán pararlo como no han podido parar la filosofía de la alquimia.
Se afirma que la nanotecnología nos llevará a una auténtica revolución industrial, tal como el desarrollo de materiales mucho más fuertes que el mejor acero con solo el diez por ciento de su peso actual y que van camino de ser una realidad.
Mente y cerebro conforman la actividad del pensamiento a la que llamamos inteligencia, así pues, la inteligencia estriba en pensar para vivir y no en que se viva para pensar.  Ocurre que si todavía la inteligencia humana tiene límites, es lógico creer que la IA producida por el ser humano será de mayor limitación, aunque pueda “pensar” con mayor rapidez, pero siempre lo hará de manera limitada.
Habrá que proceder de la forma más acelerada posible invirtiendo los términos para el futuro, pues la inteligencia humana actual tiene límites y parece que la estupidez no los conozca, tal como opinaba Einstein, que también reconocía:
 “Que época tan triste la nuestra, es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.
 
Eloy Millet Monzó

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